Mostrando entradas con la etiqueta Salinas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Salinas. Mostrar todas las entradas

21 enero 2012

Comunicadores radiales dan voz a las comunidades del Ecuador


Para leer el presente artículo, puede hacerlo escuchando esta melodía :)
“Hombres y mujeres de Salinas del Ecuador, bajo el sello de la comunicación,  observan atentos el 'presente humano' y a las comunidades, para luego contar al mundo lo que sueñan” FAG
El día en que los animadores comenzaron a ser Corresponsales Comunitarios

En estos instantes estamos a 3550 metros sobre el nivel del mar y a 5 horas de Quito, es Ecuador, parroquia de Salinas, en plena sierra y mitad del mundo. Por los parlantes suena una radio comunitaria llamada “Salinerito”, emisora destinada a  dar voz a las más de 30 comunidades que integran uno de los procesos de economía solidaria más admirados a nivel nacional e internacional y que permitiera en 40 años sacarlos de la extrema pobreza.

Como estamos más cerca del cielo, pudimos escuchar un mensaje que desde arriba indicaba la necesidad de formar  nuevos “comunicadores sociales” para Salinas y así comenzar un proceso de interpretación, representación, educación y de comunicación junto a la gran trama de habitantes que desde el páramo al subtrópico desean un espacio que los haga salir del anonimato y la indiferencia.

Las acciones no se hicieron esperar y comenzó así el primer curso de Comunicadores Sociales para Salinas. Se inscribieron de manera entusiastas unas 30 personas, entre jóvenes, mujeres, hombres, líderes, extranjeros, políticos, representantes de instituciones, soñadores, temerosos y curiosos. Una gama de seres humanos se hacía partícipe del desafío encomendado desde el cielo: Hacer de Radio Salinerito la voz de un pueblo de economía solidaria.

El proceso educativo comenzó con el quiebre de una ceguera temporal que hasta hoy no les permitía ver eso vivo y promotor de sus posibilidades, aquello definido como el espacio de integración humana que trabaja por un objetivo que brinda bienestar a sus vidas, en resumen: la comunidad.

Para ello fue necesario que distinguieran qué comunidades integraban durante el día a través de sus prácticas cotidianas, muchos de ellos descubrieron la diversidad de espacios humanos que habitaban durante las 24 horas, comenzando por la familia, pasando por la escuela, el trabajo, las asambleas, los medios de trasporte, los deporte hasta el propio curso de comunicadores.

La pregunta surgió casi por añadidura: ¿qué necesita tu comunidad?, un breve espacio de silencio cubrió la sala, mientras los comunicadores descubrían por fin el poder y las posibilidades que tendrían de expresar lo “que necesitaban” al mundo mundial.

Nacen de este modo las poderosas razones de nuestro futuro trabajo como comunicadores en el ámbito de la educación civil, entregando las pautas de cómo alimentarse mejor, en el campo de género dando a conocer los derechos de las mujeres, a nivel turístico proyectando a Salinas como un destino para el extranjero, en términos de progreso como una comunidad que practica la economía solidaria y en la dimensión social, para que las comunidades pueden declarar sus demandas y progresos.

Estamos hablando de un mundo versátil en sus búsquedas.

Aquí la democracia participativa comienza por la mirada lúdica y constructiva de los niños salineros, los deseos de las tejedoras, las aspiraciones de las familias para obtener un mejor precio de la leche, los sueños de crecer como unidades productivas comunitarias en el caso de queseras y embutidoras, obtener una buena atención en el Subcentro de Salud, mejorar las vías de acceso, las escuelas, los centros infantiles, reunirse con efectividad en la Casa Comunal, caminar juntos por el bienestar de todos y de cada uno. En definitiva lograr que las comunidades tengan voz a través de la radio y desde los futuros comunicadores.

Poco a poco los estudiantes de comunicación fueron despertando y comprendiendo el rol que tendrían como líderes y agentes de cambio. Si bien algunos quedaron en el camino, la mayoría siguió en pie.

Las clases fueron profundizando en el tema. Comenzaron así los ejercicios comunicacionales, como hablar en público, leer en voz alta, distinguir las necesidades de sus comunidades, mejorar la vocalización, construir pautas radiales, editar, hacer spot, realizar entrevistas, contar historias, trabajar en equipo, descubrir desde la sensibilidad el mundo que los rodaba y finalmente, trabajar la intimidad del miedo hasta hacerlo desaparecer.

Era urgente enseñar y aprender que la comunicación posibilita los cambios, pero no desde un ejercicio mágico sino desde la constancia en dicho hacer, es decir, se es comunicador siempre, se es perseverante en un mismo mensaje, se practica aquello que se aspira transformar, se observa todo aquello que nos ayude a comprender e interpretar las realidades de otros, se empatiza con lo desconocido y se toma la responsabilidad de cambiar el mundo desde la acción.

En realización el programa Kushi Wawa 
Entonces surgen ideas luminosas y  nuevos programas para Radio Salinerito que dieron respuesta a la interrogante planteada y a los intereses de los comunicadores, nacen entonces espacios radiales como “Ser Mujer”,AventuraAndina”, “La historia somos nosotros”, “Kushi Wawa”, “Encuentro Comunitario”, “Shama Music”, “Al filo de la mañana” y “Farandulenado”, entre otros.


Era un hecho, los comunicadores estaban listos.

El proceso de capacitación tuvo a su vez otros progresos como la oportunidad de ampliar la cobertura radial, hecho que permitirá a Radio Salinerito ser escuchada en toda la Provincia de Bolívar y con ello tener una nueva frecuencia: 89.90 FM. Pero lo más importante de estos avances es la futura instalación de la red inalámbrica de internet en las propias comunidades salineras, lo que significará mayor conectividad y un mejor flujo de información, además de la presencia de la radio en todos los lugares y una oportuna respuesta ante las urgencias de las  más de 30 comunidades, muchas de ellas sin presencia médica, sin señal de celular y/o de teléfono.

El proceso inspiracional de la comunicación en Salinas, llamada por el Padre Antonio Polo como el “nuevo nombre del amor”, está llegando a diversos grupos humanos, ya sea a los animadores de cada comunidad para transformarlos en corresponsales comunitarios, a los niños, los líderes del mañana, a través de un proyecto de capacitación denominado “Radiorevista: Los derechos de los niños” y por último, la posibilidad de crear nuevos comunicadores en el propio Colegio Agropecuario de la parroquia.

Por ahora ya existen 21 comunicadores sociales, quienes un 14 de diciembre del año 2011  lograron graduarse y crear así el “Día de la Comunicación” en Salinas.

Graduación de la primera promoción de Comunicadores Sociales de Salinas, 2011
Es importante distinguir que el valor del proceso está en el aporte constructivo de los seres humanos, en su voluntad, en sus ganas de arriesgar y de cambiar su propia postal. Es más, existe un elemento poderoso, inexistente en los libros, que permite la realización de este sueño y es la presencia del amor,  acción universal que mágicamente nos revela el talento humano, el de otros y el propio. De ahí la preponderancia de poner el corazón en todas las cosas, sin duda garantiza el buen resultado.

¡Estamos inspirados! Y hoy tenemos un sueño mayor que no confesaremos.

Lo importante del presente salinero es que existen  21 personas-líderes-comunicadores-humanos despiertos, que velan por sus comunidades, que hablan desde ellas y que a la vez, le muestran al mundo de qué están hechos los seres humanos situados en la sierra ecuatoriana,  a ¡3550 metros de altura!

12 agosto 2011

LiVia, una mujer del mundo

Livia Salazar, de Salinas de Guaranda

Hace algunos días tuve la suerte de conocer Salinas de Guaranda, una comunidad ubicada en la sierra ecuatoriana a 3550 metros de altura. Se caracteriza por practicar la economía solidaria y el comercio justo. Su población la integran en su mayoría kichwas y mestizos, además de voluntarios y los necesarios turistas.

Cuando llegué al lugar, eran cerca de las 11 de la mañana de un domingo cualquiera, la misa ya terminaba. Junto a una pareja de amigos recorrimos el pueblo, cada paso era una inversión para nuestros pulmones, pues la altura comenzaba a mostrar sus efectos por la falta de oxígeno, nos costaba respirar y el corazón se alborotaba como colibrí.

Mientras caminábamos por las pequeñas calles, muchas de ellas angostas, aparecía la belleza de Salinas. El paisaje parecía una composición de bizcochos verdes  producto de la actividad agrícola y el pastoreo. El cielo era intensamente celeste y limpio. El aire parecía abrirse para nosotros, mientras los ojos no alcanzaban a abarcar una gran pieza de roca llamada El Calvario. En fin, sentíamos estar en un cuento de niños, la diferencia es que esto era real.

Consultamos si había algún lugar para dormir, nos señalan que a dos calles de la plaza. Al llegar, había un letrero que decía “Hospedería Funorsal”, subimos las escaleras y allí nos encontramos con una mujer que limpiaba el único hostal ubicado en el centro de Salinas, ella con una voz al borde del llanto nos pregunta qué buscamos.

Así comienza esta historia. La mujer era Livia Salazar, de 42 años, de contextura delgada y sonrisa amplia. Su vida es realmente un ejemplo a seguir. Hace ya algún tiempo terminó una carrera universitaria, después de mucho esfuerzo y falta de comprensión.

En el presente es la gerenta de Texsal, un emprendimiento comunitario integrado por 82 mujeres que producen tejidos artesanales de alta calidad.  Escuchar a Livia me llama la atención. Ella posee una gran visión sobre lo que desea y lo que necesita o tendría que sucederle a su pueblo. Esta mujer es perseverante y a la vez de aspecto noble, su tema es la sencillez y el sacar adelante a las mujeres de Texsal. Si hay una palabra que no practica es la resignación.


Livia en un día…
Livia al igual que muchas mujeres de Salinas, se levanta todos los días a las 4:30 de la madrugada a ordeñar las vacas junto a su marido, sin importar las bajas temperaturas. Después retorna a su casa, sirve el desayuno a sus tres hijos, dos varones y una pequeña niña, asea el hogar y luego, a las 8 de la mañana se dirige a su trabajo remunerado. Cuando ya es mediodía, vuelve a su casa a terminar el almuerzo y  posteriormente regresa a su trabajo donde realiza la contabilidad e informes para un proyecto que se adjudicaron como Texsal.

Cuando era niña, sobresalía por sus buenas calificaciones, siempre fue una de las mejores alumnas. Al terminar el sexto grado en la escuela, su padre decidió que tenía que dedicarse a las labores del campo, pues la situación era muy modesta y había que darles oportunidad a sus hermanos. Lamentablemente ella sí quería estudiar, pero en esos tiempos no existía la posibilidad de decidir por uno mismo.

Después su padre la envío a estudiar corte y confección a Guaranda, la ciudad más próxima de Salinas. Ella confiesa que no le gustaba para nada y que después de unos meses lo dejó.

A primera vista Livia parece tímida, debe ser por su voz temblorosa,  sin embargo y para alegría de todos, tiene gran claridad sobre lo que desea para ella, para las mujeres de la Texsal y para su comunidad; está conciente que es urgente trabajar en la planificación familiar, ya que hasta hoy las mujeres de su comunidad tienen en promedio seis hijos. También sabe que la educación es una herramienta que permite salir de la pobreza y a la vez, ampliar el mundo de posibilidades.

Ella es una mujer del campo que se permite soñar. Cuando tenía 18 años ingresó a trabajar a la hilandería de Salinas como secretaria, el objetivo era reunir el dinero suficiente para completar sus estudios en Guaranda, pues en esos años Salinas no contaba con un colegio para los que ya habían completado el sexto grado.

Después de un año de trabajo se fue a Guaranda a estudiar, pero los problemas económicos volvieron a detener su propósito. Livia dice que nunca entendió la pobreza en la que vivió cuando niña, hecho que la impulsó a seguir adelante. Pronto y gracias a las gestiones de la Iglesia Salesiana y del padre Antonio Polo, hacedores del progreso en la comunidad durante los últimos 40 años, se abrió el colegio en Salinas.

Para Livia terminar el colegio fue un gran paso, un deseo cumplido  y el cierre de un ciclo, sin imaginar lo que le deparaba el futuro.

Un día sorpresivamente tuvo la posibilidad de realizar un preuniversitario. En ese tiempo ya estaba casada y con hijos. En primera instancia su marido se opuso, pero Livia siguió firme hasta terminarlo con éxito.

Ella confiesa que no le gusta ser “vaga” o como diríamos en Chile “floja”. Le gusta luchar por lo que quiere. Así fue como le ofrecieron una beca para estudiar a distancia en la Universidad Politécnica Salesiana la carrera de Gestión para el Desarrollo Local Sostenible. Eso era un imposible en aquel momento, sobretodo por sus labores en el campo, la mantención de su casa, sus hijos y el trabajo en la hilandería, sin olvidar la carga del machismo, que por estos lados es una institucionalidad.

Sabía que estudiar le significaría tiempo, dedicación y viajar cada dos meses a Quito para estar en las clases presenciales. Ello implicaba costos económicos, buscar a alguien que cuidara de sus hijos y cambiar horas de sueño por estudio. Livia dice “me levantaba todos los días a las 3 de la madrugada a estudiar unas dos horas. Fue difícil, no se cómo lo hice, pero sin darme cuenta ya estaba en el cuarto grado”.

Ella plantea que cada vez que se ha enfrentado a un “no”, su forma de responder a ello ha sido desde la tenacidad. Incluso para Livia la sílaba “no” significa desafió, es poner a prueba su capacidad y voluntad de ser lo que desea.

Hoy Livia con 42 años posee una carrera universitaria, una familia que entendió sus aspiraciones y un puesto en la Texsal, trabajo que le permite estar más cerca del mundo de muchas mujeres que aún no se atreven a conversar de sus dolores o alegrías, menos de sus sueños.

Sin duda que existan innumerables Livia en el mundo, ejemplos de mujeres que confiaron en si mismas, que pusieron a prueba sus capacidades sabiendo que podrían dar más y de esta forma, hacer de sus aspiraciones algo concreto.

Es posible que esta historia inspiracional ubicada a 3550 metros de altura, en la mitad del mundo, pueda revitalizar a otras mujeres que con mayores posibilidades siguen diciendo que no pueden cambiar sus vidas. Para la Livia la excusa, agrava la falta.

*Si deseas saber más de la organización de mujeres tejedoras Texsal, puedes ver la siguiente web www.salinerito.com
Tejedoras de Texsal, Salinas de Guaranda-Ecuador