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19 julio 2016

EMPODÉRATE MUJER ¡ahora!

1er. EMPODÉRATE MUJER, QUITO/ECUADOR
¿Qué nos despierta? Un golpe, el dolor, una situación, el día, la noche y por cierto, el deseo profundo de que pase algo más en nuestras vidas.

Hace tres meses comencé con un proceso inquietante y creativo que avizoraba que una idea estaba por parirse. Mientras ese proceso sucedía, pensaba en las mujeres del planeta, en las que están cerca y en la posibilidad de desarrollar una experiencia-taller que pudiera en su intensidad transformarlas. Me preguntaba cómo podría hacerlo si el acto de cambiar requiere  de una decisión íntima y real que funciona al persistir en ella. Otros menos optimistas me comentaron con total seguridad que un ser humano no cambia.

Como fundadora de Colibrí Comunicaciones, mi propósito es trabajar en el desarrollo del potencial de las personas, pues tengo la certeza de que existe mucha madera dentro de cada ser humano sin revelarse, sin ser trabajada. Las personas por lo general poco se conocen. Cuántos de ustedes practican la autoobservación, la meditación o algún deporte que los ponga a prueba realmente. Es necesario salir de lo conocido y probar, identificar las técnicas que el cerebro utiliza para detener un proceso de cambio, poner atención en los pensamientos repetitivos y en la emoción que nos gobierna.
Así nace el proyecto Empodérate Mujer, una experiencia que comprende un formato de cuatro momentos diseñados para remover las capas que ocultan el potencial humano. Si bien, al inicio se pensó en un simple taller de prueba, aquello mutaría de manera orgánica en una experiencia de transformación.

Y por qué mujeres. Hoy la mujer está viviendo un momento histórico donde los espacios son “con ellas”, donde la política, la economía, los activismos, las tendencias y la fuerza de la familia son “con ellas”. Sin duda siempre fueron la “fuerza”, pero hoy no existe discusión ni ocultación al respecto, más bien reivindicación por años de olvido. Ahora, en medio de dicho proceso histórico, aún existen creencias paralizantes en el mundo femenino que entrampan su expansión, realización y libertad emocional de ser en toda su totalidad.

Las mujeres en su ejercicio de guardar, de contener, albergan muchos dolores, palabras sin ser expresadas, sentimientos sin liberar, sueños sin realizar, una ternura infinita y múltiples ideas para salir adelante.

Dentro de las diversas experiencias que he vivido como potenciadora, he experimentado en directo la tristeza  de una mujer que ha sido golpeada, abusada, que ha experimentado la extrema pobreza toda su vida y que sin embargo, ha decidió convertirse en líder de su causa, de su familia, de su labor, de su trabajo, en definitiva, resolvió ser protagonista de su existencia.

Cada vez que una mujer vive un proceso de entrenamiento para potenciarse, busca experimentar que sí existen posibilidades para ser feliz, que sí posee la capacidad para realizarse y que su vida sí tiene sentido. Es más, cuando viven un proceso de cambio real, las mujeres con asombro descubren su desconexión con su “ser mujer”, su cuerpo, la vibrante sexualidad y sobre todo de quiénes son realmente. Y todo lo anterior es dado muchas veces por los sucesos de la infancia, la rutina, los esposos, las parejas y las familias que emiten  relatos limitantes. Descubres que el miedo gobierna.

Y lo cierto es que cuando una persona trabaja en sus capacidades y potencial, descubre que los grandes obstáculos que la detienen y que configuran su comportamiento están dados por los sucesos vividos en la infancia, factor determinante a la hora de ver el mundo con posibilidades o sin ellas.
Cuando diseñé el proyecto Empodérate Mujer, estuve largos días estudiando, pensando y leyendo a los seres más grandes que han puesto su observación en el comportamiento humano. También fui a mis recuerdos, a las historias de diversas mujeres, salí a la calle, el mejor campo para la observación, mantuve muchas conversaciones y finalmente comprendí que durante la experiencia sería necesario que cada mujer fuera a su infancia, detectara sus jaulas personales y las abandonara para empoderarse.

Para cada mujer la experiencia de empoderarse es sin duda un acto de liberación para por fin “ser” sin límites. Cuando realicé la primera experiencia en Quito/Ecuador, fue asombroso ver la determinación de las mujeres asistentes frente a un cambio, su seriedad y disposición para hacer las acciones necesarias para salir de sus jaulas y la valentía para dejar salir a los fantasmas que alimentan el ego y que ocultan el potencial del ser.

Cuando viajas junto a las personas a su infancia, se hacen presentes padres exigentes, madres anuladas o golpeadas, escasez de dinero, bullying escolar o niñas y niños que no se sintieron amados.
Todo lo anterior configura en la adultez la forma en cómo ves y vives el mundo. Es más, descubrí que se vive más encarcelado de lo que se cree, mujeres y hombres en cárceles de barrotes infranqueables, pero invisibles.

Empoderarse es en sí mismo un acto de voluntad para reencontrarse con uno mismo. Es ir al interior y por fin ver las capacidades, los talentos y decidir usarlos. Es cuando despiertas ante lo que eres capaz de hacer. Sin duda este ejercicio profundo ilumina el camino del propósito de vida para que seres humanos despiertos vivan de verdad, sin límites, sin “tantos” miedos y sientan en la contribución una gran razón para vivir inspirados y con la certeza del porqué están en este mundo. 
El proyecto Empodérate Mujer recién inicia su camino por Latinoamérica. En junio realizamos la primera experiencia-taller en Quito y, en menos de un mes, un nuevo grupo de mujeres lo solicitó para vivirlo. 

Si bien jamás se sabrá dónde termina una breve idea, les sugiero que obedezcan sus impulsos, sus momentos de creatividad, de silencio y de incertidumbre, es en dicho devenir donde las cosas imprescindibles para el planeta surgen.

Es posible que la experiencia de empoderamiento con el tiempo mute y sea algo más de lo que hoy se puede vislumbrar, sin embargo, lo esencial es que hoy muchas mujeres están descubriendo su verdadero “poder” de ser y hacer, dos vías directas para cambiar el mundo.

Por lo tanto, mujer no olvides jamás de afirmar con fuerza “YO SOY LA VOZ”.

@AleteaColibri

11 abril 2013

Mujer Sin Límites

¿Qué es el tiempo? Será un estado mental y de percepción que nos ubica en este espacio. Quién puede saber cuál es la respuesta correcta, por mi parte creo que nos hace transitar en un espacio sin límites, sin fronteras, como un carril que tomamos para viajar por donde sea posible.

Por años y en mi condición de mujer latinoamericana, de procedencia matriarcal con fuertes tintes de machismo, me propuse desde la imaginación soñar con una vida donde fuera feliz sin tiempo. Cansada de ver un producto industrializado de mujer insatisfecha, sufrida, culposa, centrada en el anti-placer y la frustración, me pregunté: ¿Y si probara otra forma de vivir la vida, sin considerar fronteras temporales ni propuestas externas de lo que debe ser una vida femenina?

Como leona enjaulada en un país que jamás sentí propio, me lancé al vacío. Partí a otro país donde no me conocieran y de paso intentar un estilo de vida nuevo. Sin hijos, ni casa, ni compromisos. Unos 33 años y algunos dólares en el bolsillo me confirmaban que nada me podría detener esta vez, solo necesitaba un par de alas para poder planear y conocer el mundo en su blancura de cuaderno nuevo.

Cuando estás en el acto del viajar surgen preguntas que ya te cansaste de responder como quien se defiende en un cuadrilátero de box por la opción tomada, sin embargo esta vez era distinto, ya que estaba dispuesta a llegar al fondo del inconsciente, donde una contestación sincera cesará la natural acción de defensa para devolverte la calma que ofrece el “ser nosotras mismas”.

En el nuevo país las preguntas no se hicieron esperar, la curiosidad es humana y espontánea. Pronto cayeron como cascada: ¿es casada?, ¿tiene hijos?, ¿qué edad tiene?, ¿anda sola?, ¿por qué trabaja en esto si podría ganar dinero? Y lo cierto es que en un instante de debilidad crees que le debes algo a la sociedad, quizás actuar como supuestamente “debe ser” y acto seguido, transformarte en una queja humana producto de una vida alejada del llamado interior.

Y estando en ese dilema, una revelación proveniente de algún lugar del universo me mostró que el tiempo y los límites son creados por la mente, lo cultural y los que gustan del poder social. En ese devenir las almas se van desperdigando por el camino sin comprender la razón de su existencia, sólo saben que respiran y que algún día lo dejarán de hacer, pero no saben que son libres, ¡libres! Las calles están pobladas de mentes y miradas perdidas que se han convencido de no tener alternativa.

Al saber que era libre, se encendió en mi interior una flama que de un solo impulso me dejó en otra galaxia, ¡ja! Decidí hacer de mi vida lo que siempre había soñado, sin dudas, sin miedos, sin tiempo ni límites, tomé la intuición como brújula, el amor como la emoción balsámica para cada día y emprendí el vuelo.

Casualmente las preguntas rutinarias desaparecieron, la tensión del ceño se borró y mi “ser mujer” despertó violentamente con ganas de beberse el mundo, como la sed de un niño al nacer o el hambre de un monje por el espíritu, así comencé a vivir, a vivir full metal rock, no por mandato sino como respuesta a la libertad de vivir sin tiempos sociales ni límites mentales.

Ser madre tiene límites dicen, claro tenemos fecha de vencimiento, pero los niños no tan solo deben ser propios, pues el mundo está lleno de niños rechazados y olvidados, por lo tanto los límites no existen para ser madre, es más, amar a un niño no tiene límites. Encontrar o no con quien compartir la vida es cosa de paciencia, de abrir el pecho, de saber que la vida se teje desde el ensayo y el error. Y evoco el acto del riesgo, del salto al vacío, de vivir sin miedo, de olvidar las garantías, porque eso es justamente lo que no hay.

Sean libres mujeres, no esperen un hecho fantástico que las lleve a la euforia de quien busca una felicidad fugaz y cinematográfica, vivan con realidad, con plena convicción sobre lo que les dice su interior, sigan el camino amarillo, corran por él, hagan de sus vidas una historia preciosa que sane al mundo, el tuyo y el de otros, con honestidad, con agradecimiento, porque lo cierto es que después de dicha revelación, confirmé que la vida es un milagro a cada instante, que no es juego sino algo que aparece para iluminar y animarlo todo, desde ese estado de movimiento la admiro como quien ve la repentina  aparición de un colibrí ecuatoriano.  



03 febrero 2012

El Sacrificio de SER MUJER


Mujeres de la sierra ecuatoriana

Existe una diversidad tan amplia de mujeres en el mundo que definir en pocas palabras lo que se trae entrelíneas nuestro género es algo complejo. He visto féminas en Chile y también en la sierra Ecuatoriana donde el machismo no es identificado como tal porque la mujer cree que “el mundo es así”.

También he compartido con suecas, italianas, españolas, colombianas, peruanas, marroquíes y en cada una de ellas existe un mundo cultural que refleja un significado diferente ante el ejercicio diario de “ser mujer”.

Pero sin duda hay una especie de féminas que piensan que la palabra que las define es el “sacrificio”, creen que vinieron a sufrir, que las cosas nunca son justas para ellas y que es el hombre el único que goza. Ellas no saben que entre sus piernas existe un órgano que les permite el  placer, porque no saben que pueden sentirlo. Es más, controlan todo lo que se mueve y si fuera por ellas, darían su vida por ser amadas – ¡y quién no!-.

Las del sacrificio saben que no “merecen” mucho, es más, se comen la porción más pequeña del almuerzo o se sirven al último el plato de comida pensando que son buenos seres humanos y además cuidan del marido hasta sus últimos días, aunque el muy egoísta las maltratara, llegara borracho o saliera con los amigos mientras ella lo espera sola, muy sola en casa, sintiéndose triste y sin poder contarle a nadie que ya no lo soporta… ustedes saben “es que los niños están chicos”, “es que la familia”, “es que el cura dijo que era para siempre”, en fin.

Las que “se sacrifican” transforman su discurso y lo que les sucede bajo esa premisa. La queja y la insatisfacción mezclada con la melancolía las convierten en frígidas, tienen relaciones sexuales dolorosas, no se dan espacio para el placer o para decir “hoy no quiero”.  Existen detalles cotidianos que materializan ese sacrificio a través de sus prácticas como el mirarse poco o casi nada al espejo, se avergüenzan de su cuerpo y por último, les compran ropa al marido, ya que él “no sabe hacerlo”.

Todo parece indicar que su entorno y mundo es brutal e injusto, pero quién permite, quién no establece los límites, quién es la que calla mientras da a entender que todo resulta, quién es la que se resigna, quién es la que puede decidir "basta".

Cuando tuve la oportunidad de vivir cerca de las mujeres de la sierra ecuatoriana, me di cuenta que ellas desconocen la queja, practican el silencio y casi siempre se les ve como si estuvieran “ausentes” amamantando a sus hijos. Cada día es una dura rutina, ya sea  ordeñando las vacas, alimentando a los animales, haciendo la comida  y criando a sus más de siete hijos. Su marido por lo general es alcohólico y desconoce la afectividad. Ella nunca se divierte y siempre está ocupada, ella no para desde las 5 de la madrugada hasta que se esconde el sol.

En cambio las del “sacrificio” usan esta palabra para la mayoría de las cosas que hacen, porque todo parece serlo . Existen otras mujeres en el mundo que no tienen aún acceso a un mundo diferente y que ni siquiera saben que sus vidas son sacrificadas porque no conocen otras realidades.

Por tal razón y en solidaridad con aquellas que aún cargan sus hijos en las espaldas mientras tejen caminando hacia su trabajo campesino, les pido a las del “sacrificio” que vean más allá de sus vidas, de sus ombligos y traten de cambiar su realidad, de seguro podrán por el simple hecho de conocer otros mundos que brindan la esperanza y las posibilidades de un “estar” distinto, incluso, muchas de ustedes son profesionales o saben leer y escribir, mientras otras mujeres, habitantes del siglo XIX, ni siquiera han escuchado su propia voz.

¡Abajo el sacrificio que desde hoy son mujeres libres!