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19 julio 2016

EMPODÉRATE MUJER ¡ahora!

1er. EMPODÉRATE MUJER, QUITO/ECUADOR
¿Qué nos despierta? Un golpe, el dolor, una situación, el día, la noche y por cierto, el deseo profundo de que pase algo más en nuestras vidas.

Hace tres meses comencé con un proceso inquietante y creativo que avizoraba que una idea estaba por parirse. Mientras ese proceso sucedía, pensaba en las mujeres del planeta, en las que están cerca y en la posibilidad de desarrollar una experiencia-taller que pudiera en su intensidad transformarlas. Me preguntaba cómo podría hacerlo si el acto de cambiar requiere  de una decisión íntima y real que funciona al persistir en ella. Otros menos optimistas me comentaron con total seguridad que un ser humano no cambia.

Como fundadora de Colibrí Comunicaciones, mi propósito es trabajar en el desarrollo del potencial de las personas, pues tengo la certeza de que existe mucha madera dentro de cada ser humano sin revelarse, sin ser trabajada. Las personas por lo general poco se conocen. Cuántos de ustedes practican la autoobservación, la meditación o algún deporte que los ponga a prueba realmente. Es necesario salir de lo conocido y probar, identificar las técnicas que el cerebro utiliza para detener un proceso de cambio, poner atención en los pensamientos repetitivos y en la emoción que nos gobierna.
Así nace el proyecto Empodérate Mujer, una experiencia que comprende un formato de cuatro momentos diseñados para remover las capas que ocultan el potencial humano. Si bien, al inicio se pensó en un simple taller de prueba, aquello mutaría de manera orgánica en una experiencia de transformación.

Y por qué mujeres. Hoy la mujer está viviendo un momento histórico donde los espacios son “con ellas”, donde la política, la economía, los activismos, las tendencias y la fuerza de la familia son “con ellas”. Sin duda siempre fueron la “fuerza”, pero hoy no existe discusión ni ocultación al respecto, más bien reivindicación por años de olvido. Ahora, en medio de dicho proceso histórico, aún existen creencias paralizantes en el mundo femenino que entrampan su expansión, realización y libertad emocional de ser en toda su totalidad.

Las mujeres en su ejercicio de guardar, de contener, albergan muchos dolores, palabras sin ser expresadas, sentimientos sin liberar, sueños sin realizar, una ternura infinita y múltiples ideas para salir adelante.

Dentro de las diversas experiencias que he vivido como potenciadora, he experimentado en directo la tristeza  de una mujer que ha sido golpeada, abusada, que ha experimentado la extrema pobreza toda su vida y que sin embargo, ha decidió convertirse en líder de su causa, de su familia, de su labor, de su trabajo, en definitiva, resolvió ser protagonista de su existencia.

Cada vez que una mujer vive un proceso de entrenamiento para potenciarse, busca experimentar que sí existen posibilidades para ser feliz, que sí posee la capacidad para realizarse y que su vida sí tiene sentido. Es más, cuando viven un proceso de cambio real, las mujeres con asombro descubren su desconexión con su “ser mujer”, su cuerpo, la vibrante sexualidad y sobre todo de quiénes son realmente. Y todo lo anterior es dado muchas veces por los sucesos de la infancia, la rutina, los esposos, las parejas y las familias que emiten  relatos limitantes. Descubres que el miedo gobierna.

Y lo cierto es que cuando una persona trabaja en sus capacidades y potencial, descubre que los grandes obstáculos que la detienen y que configuran su comportamiento están dados por los sucesos vividos en la infancia, factor determinante a la hora de ver el mundo con posibilidades o sin ellas.
Cuando diseñé el proyecto Empodérate Mujer, estuve largos días estudiando, pensando y leyendo a los seres más grandes que han puesto su observación en el comportamiento humano. También fui a mis recuerdos, a las historias de diversas mujeres, salí a la calle, el mejor campo para la observación, mantuve muchas conversaciones y finalmente comprendí que durante la experiencia sería necesario que cada mujer fuera a su infancia, detectara sus jaulas personales y las abandonara para empoderarse.

Para cada mujer la experiencia de empoderarse es sin duda un acto de liberación para por fin “ser” sin límites. Cuando realicé la primera experiencia en Quito/Ecuador, fue asombroso ver la determinación de las mujeres asistentes frente a un cambio, su seriedad y disposición para hacer las acciones necesarias para salir de sus jaulas y la valentía para dejar salir a los fantasmas que alimentan el ego y que ocultan el potencial del ser.

Cuando viajas junto a las personas a su infancia, se hacen presentes padres exigentes, madres anuladas o golpeadas, escasez de dinero, bullying escolar o niñas y niños que no se sintieron amados.
Todo lo anterior configura en la adultez la forma en cómo ves y vives el mundo. Es más, descubrí que se vive más encarcelado de lo que se cree, mujeres y hombres en cárceles de barrotes infranqueables, pero invisibles.

Empoderarse es en sí mismo un acto de voluntad para reencontrarse con uno mismo. Es ir al interior y por fin ver las capacidades, los talentos y decidir usarlos. Es cuando despiertas ante lo que eres capaz de hacer. Sin duda este ejercicio profundo ilumina el camino del propósito de vida para que seres humanos despiertos vivan de verdad, sin límites, sin “tantos” miedos y sientan en la contribución una gran razón para vivir inspirados y con la certeza del porqué están en este mundo. 
El proyecto Empodérate Mujer recién inicia su camino por Latinoamérica. En junio realizamos la primera experiencia-taller en Quito y, en menos de un mes, un nuevo grupo de mujeres lo solicitó para vivirlo. 

Si bien jamás se sabrá dónde termina una breve idea, les sugiero que obedezcan sus impulsos, sus momentos de creatividad, de silencio y de incertidumbre, es en dicho devenir donde las cosas imprescindibles para el planeta surgen.

Es posible que la experiencia de empoderamiento con el tiempo mute y sea algo más de lo que hoy se puede vislumbrar, sin embargo, lo esencial es que hoy muchas mujeres están descubriendo su verdadero “poder” de ser y hacer, dos vías directas para cambiar el mundo.

Por lo tanto, mujer no olvides jamás de afirmar con fuerza “YO SOY LA VOZ”.

@AleteaColibri

02 enero 2015

2015:LA MATRIX Y EL CAMBIO INTERIOR

Gracias, amor, paz y unión son las cuatro palabras que surgieron mientras cambiaba el año. Hoy es 2015, un cambio de cifra y una sensación de oportunidad para el alma, la mente y el corazón.

Es el año del cambio personal. Hace años comencé un camino de búsqueda y siento haber encontrado algo maravilloso, esto es, la felicidad en estado de agradecimiento. Una flor que comienza a abrirse, un arcoíris en el páramo que se cruza ante nuestros ojos, el sonido de un colibrí que te dice aquí estoy, una mariposa nocturna que te hace comprender el significado de la belleza y un abrazo que te comunica en lo profundo que todo está bien, que ya no estás solo.

Decidir sanarse es tan y más valioso que entregarse a los demás. Sanarse es saber que uno tiene las mismas oportunidades que cualquiera, sanarse es entender que a la vida no se vino a sufrir, ni a luchar ni menos a vivir sin sentido. Comprendes que el estado del fluir es justamente eso, vivir en la creación de las condiciones que necesitas, es aceptar lo que sucede y es danzar con el universo. La actitud de resistencia desaparece y comprendes que todo evento es parte de una historia mayor, de un porvenir, de un todo unido que Max Planck llamó “la matrix” o en palabras más balsámicas, en la vibración amorosa que mantiene todo el conjunto que somos y que nos rodea.

Queremos que el mundo cambie, deseamos en lo profundo que mañana exista paz por fin en todo el planeta, pero lo que no sabemos en estado consciente es que cada uno puede contribuir a ese sueño y sentimiento de querer vivir mejor, de ser felices. Quizás partir por uno es un gran paso ¿Cuántas veces lo has intentado?, ¿cuánto has persistido?, ¿cuáles son las ideas que rondan por tu cabeza?, ¿has conversado con tu corazón sinceramente?, ¿eres honesto contigo o te preocupas de serlo para los demás?

Cuando comprendí que vivimos en una red invisible vedada para los ojos, pero no para el campo de la energía, entendí que la responsabilidad es grande, aunque falle, es una verdad de la cual ya no se puede escapar. Se comprobó científicamente que al dividir una partícula en dos trozos, uno lanzado a 10 kilómetros y el otro al otro extremo, 10 kilómetros más, es decir, ambos trozos a 20 kilómetros de distancia, evidenciaron que al afectar a un trocito, al otro extremo, la otra parte sufría los mismos cambios, es decir, existe un campo energético que nos dice que jamás la distancia que conocemos nos separa.

Por lo tanto, cuando pensamos, qué campo energético estamos generando con nuestra mente, cuál es nuestra conversación interna, ¿está quizás centrada en la compasión, en el amor, en el perdón?, bajo qué emoción estamos creando nuestros pensamiento, qué verdaderamente está impulsando nuestros actos. Son preguntas personales, de respuestas individuales, hecho que nos invita más allá de mirar y aspirar a la paz mundial, mejor será velar por la paz interior que en suma generará ese estado de quietud que haría de este espacio/universo un lugar para vivir y en abundancia.

Este 2015…este 3440…el año que sea, es bueno estar atentos al trabajo personal del cual ya es hora de hacernos cargo. No se trata de intentar, se trata de un acto de voluntad pura. Desarticular creencias, instalar nuevas y más amables. Dejar de esperar aquello extraordinario como si solo viniera del exterior. Sapa que el amor es una herramienta de moda, del ayer y del futuro.

Adelante compañeros, sólo quien lo haga podrá saber que esto es más que letras y de paso, querrá contárselo hasta al ciego o sordo que encuentre por la calle, ya que es posible que luego del cambio vivas con la permanente sensación de HABER ENCONTRADO “ESE” ALGO QUE TE HABÍA MANTENIDO INQUIETO TODA LA VIDA.

Bendiciones, bendiciones, bendiciones.

05 octubre 2012

Un lugar en la Tierra

A veces uno despierta por la mañana con una intuición. Te sientas en la cama, miras tu entorno, revisas tu ánimo e inevitablemente te preguntas ¿cómo llegué hasta aquí?

Viajas hacia tus recuerdos y comienzas a buscar el día y el espacio que te hicieron sentir despierto y lleno de posibilidades, tiempos donde tu potencial se expandía por el sólo hecho de tener un lugar donde hacer todo lo aprendido a lo largo de la vida. Las emociones brotan  como si aquellos pasajes fueran vividos nuevamente. El presente se llena de plenitud y tú aprovechas de drogarte con esa sensación para descifrar la razón de tu actual insatisfacción, esa que mantiene al ser humano lejos de lo importante, lejos del sentido de su existencia.

Ese devenir termina cuando de manera maravillosa todo se ilumina y encuentras “tu lugar en el mundo”, simple, sutil y completamente humano. Es como situar a tu propio ser donde realmente desea estar y movilizarte. Cada vez que lo pienso y converso con otros, descubro que este suceder de plenitud está conectado con una acción de entrega a gran escala. Aquí no hay grandes sucesos más que el disfrute de ser  y hacer, de fluir y expandirse, de amar y ser amado, de preguntar y encontrar las respuestas.

Uno se engaña buscando calzar con parámetros que no son los propios. Me acuerdo que internamente decía: “es tiempo de tener una vida normal”. Pero hoy veo que los parámetros son personales, por lo tanto se pueden construir a la medida.

Alguien sabiamente me comentó que uno debe conocerse a si mismo, aceptar ser quien es, seas lo que seas, reconocer tu naturaleza, tus mentiras y vivir con honestidad. Pregúntale al corazón: ¿cuándo fuiste feliz?, ¿qué hacías mientras esto pasaba?, ¿bajo qué circunstancias te sentías capaz de lo imposible, de arriesgarte sin temor?, ¿cuándo permitiste que la confianza se apoderara de ti y de tus acciones?

Al revisar dichas preguntas, el propio corazón se agita dando la respuesta de cuándo y cómo fue aquello, comportándose como una brújula universal.

Hoy recomiendo que “hay que estar donde quieres estar”. Si bien para que eso suceda debes recorrer caminos complejos y confusos, o habitar espacios que no estaban en tu plan, de seguro estos mismos recorridos te llevarán a casa nuevamente, “a tu verdadera casa”, aquella que no responde a un país o a una familia, sino a tu lugar.

Un día pude ver ese lugar, lo vi con total claridad. Comprendí que la vida no es de aletargamientos ni de inercias, o de llorar como un niños amurrado de escuela, sino de usar la honestidad para nosotros y luego como un colibrí salir a visitar flores para encontrar la dulzura.

Sea físico o espiritual, de seguro ese lugar existe para cada uno de nosotros. Tan lejos como cerca, hay un espacio que está destinado para ti, para que hagas maravillas con tu potencial humano, siempre dispuesto a mejorar tu vida y la del mundo. 

04 julio 2012

SOMOS ESPÍRITU



San Francisco de Asís en uno de sus tantos estados de iluminación descubre que “somos espíritu”, somos un espíritu que experimenta la experiencia humana.

Dicha iluminación para ser entendida debe sobrepasar la comprensión intelectual que acostumbra a decirnos con voz gruesa “Oh sí, eso es tan obvio”, mientras otra voz mental exclama con incredulidad “¡esos son inventos!”.

Ciertamente es experimentando, es estableciendo una conexión con la inteligencia organizada del universo (Dios, Fuente, Energía, etc.) lo que permite revelarnos el espíritu que está en nosotros. Sin embargo la realidad del mundo externo ha insistido en mostrar nuestro interior y lo que allí sucede como una ilusión, como si lo externo fuera el mundo real que de manera impositiva se presenta ante el ser humano.

La meditación como práctica milenaria tuvo para todos los budas, avatares y salvadores de la historia, el rol de conectarlos con su espíritu, con el espacio más genuino que reside en nosotros para su autoconocimiento. Estos hombres a través de dicha acción lograron saber de qué estaban hechos, cuál era su propósito, la razón de la existencia (de la suya) y por consiguiente, la capacidad de poder manejar su propia mente, convirtiéndose así en seres de paz, sabios y libres.

La libertad es un deseo, una aspiración presente y constante que se relaciona con la insatisfacción diaria, con la “sensación” de sentir que se está en el lugar incorrecto, con la o las personas incorrectas y haciendo lo incorrecto. La insatisfacción entonces se instala como un estado permanente, verdadero e inevitable que el ser humano asume sin resistencia, es más, piensa, siente y actúa como si aquello fuera la razón de su existencia, en resumen: renuncia a su libertad.

Los seres que conocen su espíritu -aquello que somos-, llegan a un estado de libertad tal que el mundo exterior no lo aprueba definiéndolo como “locura”,

“ya que no es posible dejarlo todo, todo lo material, lo afectivo y lo conocido hasta ahora, ¿cómo?, pues si eso es libertad mejor quedarse en la “cárcel” de todos los días”, mejor seguir viendo la película de final conocido: “y fuimos infelices para siempre”.

Una de las emociones que actúa como barricada o bloqueo al momento de decidir por la liberación es el “miedo”. Como es habitual somos seres de rutinas, las necesitamos, ya sea nos peinamos igual, caminamos por las misma calles y  usamos la misma cantidad de azúcar todos los días. La idea es sentir seguridad y el convencimiento ilusorio de tener el control sobre lo que vendrá: el futuro. Tales razones son impuestas por la mente, aquella voz tras el escenario que va dando indicaciones como un director sobre nuestros actos, el cómo sentirnos, pensar y hasta dónde enojarnos.

Es aquí donde la meditación toma un rol revelador demostrándonos en qué medida la mente dirige lo que hacemos a cada instante y cómo aquello influye en las sensaciones del cuerpo. Parece un todo, como una condena de la cual no podremos zafar, sin embargo, con la meditación descubres que por sobre la voz mental está el Ser y con ello la oportunidad de domar la mente, dirigir los pensamientos y eliminar las diversas adicciones que terminan por arrebatar la libertad del hombre.

Las adicciones son innumerables e inconscientes y  comunes entre los humanos, esto se proyecta en frases ordinarias como: “tengo mucho trabajo”, “no tengo tiempo”, “ deseo esto o aquello”, “me carga lo que hago, pero me pagan bien”, “soy así y así me quedaré”, “quiero comprarme esto o lo otro”, “soy lo que los demás dicen de mi”, “tengo muchas deudas” o “no puedo hacerlo, me quedo con la vida que tengo”, son frases condicionadas por el mundo exterior y su manera asfixiante de determinar el devenir del hombre, como si él no tuviera la capacidad de cambiar las cosas, de vivir distinto, de vivir mejor.

Los que escucharon el “espíritu”, los que encontraron su Ser allí bajo las adicciones, descubrieron que a través de la conexión que establece el espíritu con la energía inteligente organizadora del Universo, se puede obtener una verdad, una respuesta, aquel despertar de la conciencia que entrega las instrucciones del viaje. Los esfuerzos, la ansiedad, la pena y la insatisfacción desaparecen, iniciándose así la danza con la vida, con aquello que vinimos a hacer, con el propósito de la vida, de la tuya y la mía. Por fin establecemos un vínculo con el Ser, con ese pequeño colibrí que nos habla de manera genuina y que nos conduce a vivir en libertad.

En conclusión, el “estado humano” nos aleja de lo real e importante de nuestra esencia en el más puro de los sentidos, pues todos tenemos espíritu, todos al morir en la Tierra seremos abandonados por él. Es así como un vivo ahora muerto deja de brillar, deja de mirar, deja de sentir, deja de conectarse con la humanidad. Por lo tanto la frase ya no será “debes ser más humano” o “actúa como tal” sino “sé tú, sé espíritu” y con ello, comprender aún más la experiencia humana que hoy nos ocurre. 

16 junio 2012

Vipassana o el salir de la Matrix


¿Sientes que no perteneces al mundo que habitas?

Un día, lejos de Chile, estaba en una situación complicada, estaba haciendo cosas que siempre había soñado, trabajaba con muchas personas diversas, un encanto de espacio, sin embargo el equilibrio, si es que algún día lo tuve, se había ido. En ese instante surgieron preguntas: ¿soy feliz?,  ¿siento que fluyo con lo que hago?, ¿era esto lo que buscaba?, ¿por qué perdí la paz si supuestamente estaba en el lugar correcto?

En esos instantes comenzaron a aparecer los maestros.

Una amiga muy especial que por esos días se encontraba en Bolivia y con la cual conversaba por Internet estando en Ecuador, me pregunta: ¿Por qué no haces un curso Vipassana? Ella llevaba unos 3 a 4 realizados y vaya que su ser había cambiado, era una persona honesta, amable y de gran entendimiento. Su propuesta no tardó en ser aceptada, busqué la web, llené la ficha de inscripción y quedé en lista de espera, como estaba a una semana de volver a Chile, pensé “si hay que hacerlo la lista de espera correrá”.

Los cursos de Vipassana se hacen en todo el mundo. Duran 10 días, es decir, en solo 240 horas de tu vida podrás experimentar el desprendimiento de todo lo conocido, salir de tu “realidad” e ingresar al mundo de la meditación y el noble silencio.

Vipassana es una técnica inspirada por Gautama, el Buda, quien llegara a la visión cabal, a la verdad última sobre la realidad del hombre, quien descubriera hace 25 siglos de qué estamos hechos (partículas subatómicas) y que el “yo” era solo una ilusión construida por el ego. Un hombre iluminado que dejó una técnica que permite la “aceptación de la realidad” o ecuanimidad, la concepción de  la impermanencia, la apertura del “ser” para ser feliz y por sobretodo, la liberación.  

Descubres que tienes la posibilidad de acabar con la ignorancia que frena ese cambio que buscas, sin duda la ignorancia espiritual no deja ver y te condiciona a creer que el mundo externo es lo más concreto que tienes.

Vipassana confirma
Al pasar los días llega la confirmación, dejando la lista de espera y obteniendo el cupo esperado.

Faltaban 4 días para lo que en ese momento llamaba “retiro”. Los nervios se manifestaban en las tripas, sentía ese miedo extraño que te hace pensar “y si mejor no voy”, mientras el ser desde las profundidades dice “debes ir”. Estás en esa dualidad y a veces en la polaridad de oponerte a tu propio cambio, es la mente la que se resiste, comportándose poderosa e indómita.

Al llegar al lugar del “retiro” (Putaendo-Chile) te hacen responder un cuestionario, aceptar el código de disciplina y entregar tus pertenencias “valiosas” como celulares, dinero y en mi caso la libreta de anotaciones más el lápiz. Luego te ubicas en la habitación que compartirás con una o más personas, hablas, miras, preguntas y luego asumes que esta persona será tu compañero de este viaje sin retorno.

Tienes cierta ansiedad porque todo empiece pronto. En la noche de aquel día te comprometes a cumplir 5 preceptos o Sila (moralidad) durante 10 días: No matar, no robar, no mentir, no tener relaciones sexuales y no consumir tóxicos, confieso que todas eran posibles, excepto “no mentir”. También ingresas en el noble silencio y en la experiencia de estar solo aunque estés en un mismo espacio con más de 70 personas, entre hombres y mujeres. La jornada siguiente, como todas las que vendrían, comenzaría a las 4 de la madrugada al toque de gong -que temes no escuchar-, meditar más de 10 horas diarias, más el desayuno, almuerzo y merienda, para luego ir a la cama a las 21:30 horas.

Parece sencillo, los comentarios de los amigos y la familia antes de partir son: “las medias vacaciones”, “yo quisiera desconectarme” o “estar onda relajado meditando 10 días, la suertecita”. Esos comentarios me daban pudor y con ello la reflexión de si en realidad merecía tener ese espacio mientras el mundo iba a 180 kilómetros por hora. Una mezcla de irresponsabilidad y deber estaban en el ambiente.

Al toque de Gong
El silencio de la madrugada hace surgir un gong imponente y envolvedor, son las 4 de la mañana, ¡a levantarse!

Todos bien abrigados enfilamos a la sala de meditación. Es importante acomodarse muy bien, ya que estarás dos horas sentado (para comenzar). Aquí los cojines son importantes, serán tus amigos más cercanos, contendrán todo tu cuerpo durante largas jornadas y días, deben ser resistentes, ya que los dolores no se harán esperar.

La primera tarea será centrar la mente en un pequeño espacio a la altura de las fosas nasales y la comisura del labio superior, donde ingresa la respiración (inspiración y expiración), además de identificar las sensaciones, esta práctica se denomina Samadhi(meditación). La misión parece simple y la mente de manera brutal no revela las dimensiones ni las dificultades de dicho ejercicio.

Las primeras complicaciones son “cómo estar sentado” para no incomodarnos después de un largo o corto tiempo. La espalda es la primera en acusar la falta de apoyo, el trasero a la altura del coxis desea un mejor cojín, las piernas duelen al estar dobladas en forma de indio y tu mente no logra ni por medio minuto conectarse con ese pequeño triángulo de la cara.

Era complejo concentrarse, un desafío para campeones, no logras focalizar la respiración y las sensaciones, mientras tratas de evitar el dolor físico. A cada instante la mente se adueña de la atención, piensas cosas sin sentido como “más rato me bañaré con agua caliente”, “pucha me duele la espalda”, “porqué no traje más ropa” o “ese tipo ‘X’ me cae pésimo”.

Es así como empiezas a descubrir situaciones valiosísimas para la vida. Primero es comprobar que el 98 por ciento de lo que piensas carece de contenido y tiene trascendencia cero o mejor dicho, no te conducen a nada concreto, a nada. La mente se comportaba como un Big Bang de pequeñas unidades de pensamientos (energía e información) desconectadas entre si. Cada una de estas unidades estaban centradas en un recuerdo (pasado) o lo que vendrá (futuro), el presente no lo conocía, creía desde una comprensión intelectual lo que era, pero como no lo había experimentado jamás, era imposible saberlo.

Por lo tanto lo segundo que descubres es que hasta ese minuto jamás habías experimentado el presente, 34 años de vida sin vivenciar el “aquí”, entonces qué podría saber de la realidad, de lo que perciben los sentidos y su construcción casi inmediata de lo que creemos ver.

Es brutal y común preguntarse: “quién” eres realmente. Te deslizas de manera lineal por el tiempo gracias al sistema nervioso, ya que pareciera que no estamos preparados para experimentar todo de una vez, sin embargo, todo está allí flotando como un sistema solar.

Lo tercero y con ello la caída “en parte” del ego, es darse cuenta que nuestras comprensiones de las cosas son desde la intelectualidad, o sea desde la capa externa de la mente, del consciente, sin hacer “carne” aquello que profesamos saber. Es como depositar la creencia en una ilusión que aceptamos sin saber si es cierta. Decimos “sí, claro eso es así”, “estamos todos en red”, “hay que vivir en el aquí y el ahora” o “nuestro espíritu está alegre”:

¿Qué es espíritu?
¿Qué es así?
¿Qué es la red?
¿Qué es el presente?



El dolor
Después de (tus primeras) dos horas de meditación viene el desayuno que es muy abundante, ya que el almuerzo es mesurado y la merienda un guiño. Todo aquello es pensando en el estado que debes lograr para poder constatar tu ser en ese breve instante llamado presente. Aquí no hay azares, cada elemento de la experiencia tiene una razón, aunque trates de cuestionarlo.

Al inicio no comprendes porqué debes tener la concentración en un solo punto del cuerpo durante horas y días, pues la mente habla hasta el cansancio, el hemisferio izquierdo se resiste a ser domado y acallado, él no quiere rendirse. Sientes que cada intento de concentración es fallido, que no lo lograrás e incluso te preguntas abriendo con disimulo los ojos “qué hago aquí entre todas estas estatuas humanas mientras el mundo se incendia”.

Paralelo a ello, comienzas a sentir dolores en diversas partes del cuerpo, esto no es para todos igual. Sientes dolores musculares, tensión, ardor, te enderezas y duele, te encojes y duele,  te inclinas hacia la derecha y duele más. Cambias las piernas de posición y claro, ya los pies no se duermen, pero las rodillas punzan. El estómago es un festival de sonidos, los eructos se aflojan como ángeles y otros temas que no detallaré. Es tan común toda esta sensación corporal que la comunidad de meditantes entra en una intimidad que parece igualarnos.

Sabes que si la meditación dura una hora, hora y media y hasta dos, debes permanecer allí, debes lograr “observar el dolor”, aceptar la realidad “tal y como es”. La razón es muy potente, ya que al observar el dolor, logras ampliar tu capacidad de vivir ante lo que rechazas sin rechazarlo,  aún más, empiezas a saber quién eres.

El cerebro tiende a reaccionar y cada reacción acrecienta las sensaciones. Por ejemplo, si sientes un dolor el cerebro reacciona con aversión consiguiendo acentuar así la sensación (vedana) y de paso el pensamiento: “Esto no lo quiero”. Lo mismo ocurre cuando la sensación es agradable: “Quiero repetirla”. Cada sensación en su forma se convierte esencialmente en una adicción, hecho que nos hace depender de ellas, ya sea deseando o rechazando, ambos trayectos nos producen un estado común que trasciende a cualquier diferencia humana resumida en una sola palabra: infelicidad, ser desdichado.

Es aquí donde mente y materia, pensamiento y cuerpo, sentir y salud, parecen ligarse o quizás nunca estuvieron separados. Cada uno trabaja para el otro.

Observar el dolor es una experiencia inicialmente violenta, ya que lo intentas controlar o te resistes, sin embargo la clave está es entregarse a aquello que pasa en ese presente, en este instante, aceptando la realidad “tal y como es”. Esa simple acción hace aminorar el dolor corporal, parece magia pero es real. Descubres que gran favor le haces a tu cuerpo actuando así.

Al salir de la sala de meditación tras la experiencia de conocerse sientes estar en un estado de tránsito y hasta te desplazas de la misma forma. No comprendes nada, mientras un velo comienza a resbalar. Quieres arrancar de allí, dejar la práctica hasta ahí. Quieres volver a tu vida de ilusión, ya que la otra, la que está por venir te asusta, pues es desconocida, en definitiva: estás apunto de salir de la Matrix.

Todo cambia
Los días pasan como un parpadeo, son intensos. El silencio parece una necesidad, es una decisión noble y sabia.

Comienzas a ansiar la estabilidad, sientes que la necesitas, ya sea al meditar, al sentir, al pensar, al caminar, al dormir. Quieres que todo sea “de una forma”. Quieres que ese viaje como quien cae al túnel sin fondo del País de las Maravillas termine ¡ya!

Pero no, eso no es posible, ya que descubres un cuarto elemento que la propia técnica confirma una y otra vez: la impermanencia.

Cuando hablan del fluir de las cosas no es una metáfora, ya que tanto las sensaciones, el vivir constante, el nacer para morir, nuestra piel o el comportar de las partículas subatómicas nos indican que “todo aparece y desaparece”. Nadie se baña dos veces en un mismo río (Heráclito).

La impermanencia es un hecho y una constante, permanecer equilibrados o ecuánimes a ello es lo que cambia la historia del buen vivir. De ahí la importancia de aceptar el presente, sea como sea, sea bueno o malo, eso de seguro “cambiará”.

¿Cómo apegarnos a las cosas, a las personas, a lo que pasó o vendrá, a todo lo que creemos que nos pertenece?
¿Qué nos pertenece en la impermanencia universal?

Claramente esto no es simple de procesar, quizás demores toda la vida, un segundo o un promedio de ambas, quién sabe aquello. Estás vivenciando un despertar sin retorno, cambias tu punto de vista o el punto donde te situabas para comprender la maravilla esponjosa del universo, de la nada, del espacio vacío que somos y que habitamos.

Salir de la Matrix es dejar de vivir en el mundo exterior para vivir en el interior y desde él. Nada ocurre fuera sino dentro de nosotros; es el proceso de cambio imprescindible, el necesario, el despertar espiritual que falta para vivir en armonía con el todo.

La experiencia Vipassana te entrega las llaves o quizás tu mismo te las entregas  para despertar a la vida, a esa que durante tus primeros nueve meses existía, donde tu ser era honesto contigo y tu con él.

Saliendo de la Matrix
Al cuarto día,  el profesor indica que luego de estar tres días agudizando la mente a través del ejercicio de concentración llamado Samadhi (meditación), puedes pasar a la práctica Vipassana.

La nueva misión es concentrar  la atención y ecuanimidad en cada parte del cuerpo, desde  la cabeza a los pies y de los pies a la cabeza. Distinguir cuáles son las sensaciones, si son fuertes, sutiles o si no detectas nada. Además, se suma otro desafío, en las meditaciones grupales (tres diarias y de una hora de duración) deberás mantener la misma postura, los ojos cerrados y tus manos en el mismo lugar, pase lo que pase.

En la cuarta jornada las molestias han crecido. Surgen nuevos dolores mientras los primeros síntomas van en retirada. La mente logra concentrarse y el hemisferio izquierdo se ha rendido, ya no sientes esa voz interna que parlotea. Comienzas a experimentar el presente e ingresas al área del inconsciente, aquel espacio vedado y misterioso del ser humano.

La concentración es un estado que amplifica tus sentidos, consintiendo que escuches todo, hasta los sonidos más sutiles. Tu mente alcanza una claridad en diversos ámbitos, solucionas temas personales, hallazgos teóricos, espirituales y de vida cotidiana, te invade la creatividad y el manejo del espacio físico, sintiendo cada paso, cada sabor, cada cucharada que ingresas a tu boca.

Al meditar puedes lograr un grado de concentración tal que dejas de moverte, la respiración toma un ritmo muy lento, ingresando cuotas sutiles de aire al cuerpo. Las extremidades se paralizan y solo la cabeza parece existir. Posteriormente sucede algo maravilloso, por fin comienza el viaje hacia el interior, alcanzando esa fusión con el todo, mente y materia parecen uno, siendo un instante tan verdadero, sin perder por cierto ninguna conexión con el entorno, es decir, no es que estés “en otra”, es que estás experimentando el increíble estado de la reveladora lucidez.

Es así como inicias el camino hacia la sabiduría o Pañña.  

Durante los 6 días restantes las meditaciones estarán enfocadas en observar las sensaciones de cada parte del cuerpo, precisar la manifestación del free flow o libre fluir de la energía y el conocimiento cabal de ti mismo.

Cada día tiene su afán. Cuando ya piensas que aprendiste, que estás unido con el todo, al siguiente segundo ya eres una piedra insensible que parece no conectarse con nada. Nada permanece, todo duele y deja de doler. Ciertamente los primeros 6 días sientes que eres un deportista en un centro de alto rendimiento, piensas que no lo lograrás. La mente por su parte te envía sueño, cansancio, justificaciones, es la verdadera serpiente de la historia, es la indomable que debe ser sometida por ti.

En paralelo, la noche y el dormir tienen su rol también, cada sueño parece una revelación. Surgen así las personas que han sido claves en el camino, los que amas, los que odias, tus pudores, la locura de las tormentas personales fijadas en concretas tempestades oníricas. El magnífico gong se materializa en los sueños, marcando principios y fines, abriendo espacios, cerrando otros. En otros casos ni alcanzas a soñar porque es imposible dormir, tienes tanto ahí dentro que arreglar.

Vipassana, la técnica de la liberación
Es increíble lo que puedes hacer en solo 10 días de tu vida. Es inevitable hacer una lista mental  extensa con los nombres o personas que deseas que lo vivan. Al cabo del curso te sientes realmente feliz porque no solo ves una oportunidad para ti sino para el mundo.

Meditar puede ser la actividad comunitaria capaz de sanar al mundo.

Sabes que lo esencial no está en los 10 días ni en el aprendizaje de la técnica, sino en la constancia de la práctica. Desde hoy sabes que la meditación se sumará a tu cotidianeidad, de lo contario la mente hará su trabajo y comenzarás a creer nuevamente en el mundo exterior sabiendo la verdad de la Matrix.

Al meditar temprano, antes de cualquier otra actividad, puedes comenzar el día con mucha energía, buen carácter y equilibrio mental, lo notas al trabajar, al realizar tareas, todo parece fácil y de fluir rápido, te sientes inspirado por vivir.

Tus objetivos de vida también cambian al descubrir (ver) tus talentos y el propósito de vida, aquella verdad que llena de sentido la existencia, sabes que aquello lo harás con gusto, sin quejas ni agotamientos y lo que es mejor, buscas que tu labor pueda servir a los demás.

Todos los parámetros conocidos de lo que debe ser la vida, el trabajo y las relaciones humanas desaparecen, la mente se rinde y decides abandonar la vida que tenías, optando por actuar de manera honesta con tu ser.

Ya no sigues al mundo,  aquella cáscara consensuada como realidad mundial ha desaparecido y tu te has liberado.

Desde hoy eres una mujer y un hombre libre.

20 febrero 2012

Los Invisibles


Qué es lo que nos hace comunes a todos. Por qué ya no miro a los ojos. Por qué me pongo los fonos y subo el volumen hasta el dolor. Por qué me desagrada la pobreza, la marginalidad y con ello, a los niños vibrantes de alegría en dicha realidad. Por qué prefiero depositar, donar o pertenecer a una fundación humanitaria donde jamás podré tocar a los beneficiados, ni olerlos.

Qué es lo que no soporto de las realidades degradantes. Qué es lo que admiro, fascina y encuentro en la realidad televisiva que no puedo apagar. Qué hay en mi teléfono que ya no encuentro en mi entorno vivo y carnal.

A qué me niego todos los días. Qué es lo que no quiero ver. Cuál es esa conversación que evito tener. Por qué mi deporte es  pasar en el pasado para relevarlo a carácter de sagrado. Por qué perdí la fascinación por lo que soñaba cuando era niño, dónde quedaron esos mundos llenos de luz y fantasía de mí “ser niño”, ¿por qué renuncié?

Mi postura es “yo primero”, es “yo siempre”, es “yo, el invencible”, es “yo, la mierda viva que capoto cualquier idea de cambio”, es “yo y todas las cosas que aún no me compro”, es “yo y mi perdida de fe en todo lo que en algún momento me llenaba de pasión, de ganas por la vida y el vivir”.

Todo lo anterior ha confabulado desde un acto inconsciente la construcción de una gran comunidad humana, ellos son los “invisibles”.

Los invisibles no sólo están en África, en Haití, en Irán, en Camboya, Rusia, Bolivia, India o China, no, claro que no. No están sólo en los artículos, en los comerciales humanitarios, en las noticias diarias (que cada vez más tristeza me dan), en el reportaje de guerra, en los migrantes o en las mujeres que cada día mueren por motivos que uno ni dimensiona en esta era digital que aún “no es la de todos”.

Los “invisibles” están en todas partes, están en tu casa, a veces son tus padres, tu abuelo o tu hijo.  Ellos están en las micros, en los hospitales, en la calle caminando sin rumbo con un currículum en blanco, para que decir en la red, allí hay demasiados, pero se multiplican más aún cuando el contacto debe ser directo, con la voz, con el tacto, con el olfato, con los sentidos que nos diferencian de los animales, de las bestias.

Hoy es importante hacer la reflexión, identificar a los que son “invisibles” para nosotros, ya sea porque así lo decidimos o por falta de conciencia, de calidad humana, por exceso de ego y poder.

El mundo es lindo, vale la pena un tango  o  un mambo por él, sobretodo cuando empezamos a construir la comunidad de los que hoy deseas hacer “visibles”. Todo es posible cuando salimos del hermetismo, cuando logramos erguir la cabeza, cuando decidimos vivir como los humanos que somos y para lo que fuimos creados (sea quien sea el creador).

Sería bueno hacer una promesa en pro de los “invisibles” y “visibles”. Sería impactante volver a sentir y a creer como niños y dejar la adultez para los zombis. Es necesario tomarse esto en serio, antes de caer en la muerte prematura con el fin de borrar nuestra especie.

17 septiembre 2011

Chile por qué lloras

Entre el cielo y la tierra - FAG
El cambiar de espacio, de perfumes, de personas y ruidosos pasajes, me lleva a escribir estas letras.

Lejos de lo que hoy siento como “mi tierra”, lejos de las personas que dan color y vida a los sucesos que se tornan recuerdos que poblan la mente en los espacios muertos de un día cualquiera, desde aquí, desde un espacio sin tiempo, donde no considero ni las asperezas ni los engaños, y donde lo que pareció un error hoy se convierte en la fortuna de un instante que tuvo que pasar, quiero expresar un relato donde anida la emoción.

Miro a la distancia a un Chile con aires y vientos que encumbran volantines de pensamiento y fuerza, veo a seres jóvenes alejados del temor y tomados de la acción y de  las ganas de un mundo mejor, de un espacio que brinde fortuna para los que vienen. Veo la brecha entre una generación que se fue a dormir después de 30 años de un “mute” obligadamente activado en contraposición con otra que grita como vendedor ambulante lo que cree justo.

También entreveo por estos días la pena del despertad. A veces se despierta contento por la mañana y otras con la sensación de querer que la realidad sea el sueño. 

En los últimos días las lágrimas que han llenado las calles de pétalos rojos y blancos en Chile dejan al descubierto cuánto estamos conteniendo o dejando de expresar lo que ya no nos gusta. No es tan solo un tema de deudas o escasez de dinero, sino de todo lo que se relaciona con lo que imaginamos en pasaría y lo que sucedió.

Hace algunos años éramos niños que reíamos sin pudores y jugábamos a las escondidas como si fuera una de las mayores travesuras, una inocencia que nos mantenía en un estado esperanzador de lo que la vida parecía prometernos.

Los niños son bellos, nosotros fuimos niños y también bellos en el sentido más puro del ser persona, ¿qué quedó de aquello?

Hoy vemos como un país o la gran comunidad de personas que integra nuestro Chile llora a un hombre y personaje público que ya no estará con nosotros, aunque no lo podamos creer.

Hoy me pregunto cuánta de esa pena botada en las calles, en las redes sociales, en las conversaciones en línea, son una señal y signo de lo que tenemos adentro guardado por años, ya sea porque nuestros padres no fueron lo que esperamos o porque deseábamos mucho de nuestro futuro y tan solo nos quedamos detrás de un mostrador ofreciendo pilas Evereaedy  o bebiendo solos en un bar porque ya nadie se ofrece a acompañarnos ni compartir esa fiesta que en el fondo revela lo solitarios que estamos.

No esperemos que llueva afuera para acoplarnos al agua que cae y cae o sumarnos a la muerte de alguien emblemático, no es necesario esperar esas instancias para decirle al mundo lo complejo que ha sido este largo andar o de las frustraciones que por nosotros no han sido resueltas.

Estando lejos muchas veces te dicen “te extraño” y piensas qué fácil hubiera sido una llamada o una visita cuando se estaba presente. Por qué nos damos cuenta tarde de lo que debiéramos hacer en un presente que dejó de serlo.

Es que no hay tiempo que perder, ni horizontes lejanos que vislumbrar, pues todas las cosas están aquí como el aire, como el día que se nos revela al despejarse o el acto tan material de abrir los ojos al despertar todos los días, para que esperar  y esperar, para que mentirnos o lamentarnos si queremos dejar de llorar como niños perdidos en un centro comercial.

Mejor vivir la nostalgia y la pena no tan solo con el colectivo. Desde mañana quiero vivir en la sinceridad y reconocer mis incapacidades. Construir desde lo nuevo y lo improvisado…como dice una bella canción “mirar la vida con los ojos nuevos”.