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03 octubre 2013

El colibrí maestro


(Dedicado a mi abuelita, la hermosa)
Hay una certeza desde que nacemos: la muerte. En el caso del colibrí, este no muere una vez sino todas las veces que sean necesarias para volver a renacer y volar por los Andes de nuestra Sudamérica, libre, bello y fortalecido de colores.

La pequeña muerte y el renacer del colibrí es más que una metáfora. El pasar de un estado a otro, de una dimensión a otra, confirma que los multiversos existen para ser habitados por nosotros en el estado que sea.

Quizás a través de las propias creencias uno pueda convencerse hacia donde vamos cuando dejamos esta dimensión, esta cara de la vida, pero lograr el desapego de lo que se ama es otra historia. El desafío es juntar el mundo del amor y del desapego, para el bien de los que desean partir y ascender.

Hoy sin palabras ni poesía me encuentro frente a dicha posibilidad de alguien que amo.Esta circunstancia cercana y concreta me dice en la cara que nada sé sobre el desapego ni menos del amor verdadero, aquel que permite a los colibríes ser libres.

Este es el caso de mi abuela, aunque su identidad verdadera sea la de un “colibrí maestro”, se preguntarán por qué. Un colibrí maestro está lleno de libertad para si y para otros, sus acciones están impregnadas de coherencia y amor, pero por sobre todas las cosas, su vida está diseñada para dejar en otros un aprendizaje sobre el verdadero vivir, aquel que sumerge lo inservible para posicionar en las alturas lo primordial.

Y pienso qué es lo primordial…mmm…qué es lo primordial. Asombro y perplejidad. Lo primordial está en aceptar el proceso de la vida y con ello, unir fuerzas para que nuestro colibrí maestro comience el vuelo transcendental. 

En voz bajita y con el corazón apretado te susurro al oído que “si deseas ascender y encontrarte con Dios, hazlo, porque nosotros en esta dimensión estaremos bien y felices de saber que eres libre”.

Dicen que con la voz creamos realidades, que las propias palabras abren la posibilidad de que las cosas sucedan. Por lo tanto lanzaremos estas palabras al mar para que puedan llegar a tu orilla y así las puedas leer.

"Quiero que sepas que te amo profundamente y por infinitas razones, que sepas que contigo descubrí 'qué se ama cuando se ama'". Por lo tanto esta emoción al igual que las partículas, viven siempre con y entre nosotros. Es más, en estos instantes las propias partículas crean una danza que logra formar un canal para que el amor viaje hacia ti.

Descubro que eres un ser de luz disfrazado de abuela, madre, hija y mujer. Que la misión está cumplida y que por el mismo hecho te esperan con los brazos abiertos. Sin duda podemos llorar, podemos decir por qué o dar gracias por tener el privilegio de compartir con un ser sabio, sin ego y de grandes alas.

Abuela querida, mi colibrí maestro, de mi parte solo un profundo gracias. Sé que estás aquí como quien logra tiempo extra para que podamos prepararnos para ese momento en que vueles por los Andes y más allá. Contigo uno aprende que el azar no es tal y que la vida está llena de detalles donde lo simple lo llena todo. Mi viejita amada me alegra saber que lo nuestro es para siempre y se llama amor.


14 diciembre 2012

El par de zapatillas


Un día descubrí que no era casual que camináramos hacia adelante, la dirección es correcta y el pulso de los pies tocando el suelo a cada instante dicen breve y silenciosamente, este es el presente.

Esa acción tan natural, constante para muchos y tan milagrosa para los que dejaron o nunca han podido dar un paso, se va reflejando en el par de zapatillas que hoy se van junto al camión de la basura. No es fácil dejarlas, después de dos años de leal compañía, de estar sin quejas donde tuvimos que estar. Su gastado aspecto recuerdan el recorrido del viaje, iniciado el 2010, luego del terremoto chileno que trajo consigo un invierno muy helado, de largas filas de personas esperando cualquier cosa o alguna ayuda, sobretodo en zonas rurales donde el adobe regreso a su estado inicial.

El par de zapatillas fueron únicas por largo tiempo, todos los días tenían una misión, fuera la que fuera, allí estaban. Como cual madre mira a sus hijos, siempre las encontré lindas y todo terreno. Después volaron a Ecuador, internándose en la selva, allí era todo lodo, sin embargo ellas siempre trasmitían mucha confianza y hasta en momentos peligrosos, me recordaban que la dirección de los pasos es hacia delante.

El par de zapatillas era de una marca prestigiosa, realidad que al estar en la sierra ecuatoriana no tuvo importancia para las personas. Es más, las bajas temperaturas y la lluvia de Salinas de Bolívar, le confirman que su historia ya no existe, aquí es sin pasado,  pues lo único que cuenta es el pulsar del los pasos: el presente.

Poco a poco el par de zapatillas se fue mimetizando con cada pulso, con cada mirada, con la sonrisa amplia y el abrazo alborotado de los niños, quienes allí no piden permiso para abrazar, solo lo hacen. Descubrieron el sentido, el plan y  la razón del potencial que reside en los seres humanos, la maravilla y compañía que otorga la fe.

De regreso a su país, el par de zapatillas descubre que ya no son las mismas; su aspecto refleja que no les importa lucir nuevas, sino más bien genuinas y tranquilas de haber vivido el viaje en todas sus dimensiones, en realidad ellas se han trasformado y con ello, han escuchado el mensaje.

Hoy el espíritu del “par de zapatillas” me dice que se irá a vivir a un nuevo par, por lo tanto, el envase inerte debe ser enviado a la basura, ya que sin espíritu, no hay vida ni compañía que puedan ocasionar, no hay ser.

Así es como las metí a una bolsita que dice al reverso “zapatillas”, quien sabe si un espíritu anda en búsqueda de su “par” y les vuelve a dar vida.

De todas formas agradezco su capacidad para señalar sabiamente lo que es inservible, de aislar hasta poder ver la figura del miedo y el privilegio de las posibilidades.

Estar de pie es una hazaña cada día y el agradecer una disciplina, de lo contrario todo parece obvio, soberbio y carente de sentido.

Un misionero me dijo un día que más que  merecer el amor, ¡uno lo necesita! Palabras con las cuales termino este relato y que tomo en esta segunda travesía que ya se viene.

¡Les deseo una feliz navidad y un presente lleno de prosperidad!

Dedicado a todos los viajeros...tanto de imaginación como de lugares y soñadores...

04 julio 2012

SOMOS ESPÍRITU



San Francisco de Asís en uno de sus tantos estados de iluminación descubre que “somos espíritu”, somos un espíritu que experimenta la experiencia humana.

Dicha iluminación para ser entendida debe sobrepasar la comprensión intelectual que acostumbra a decirnos con voz gruesa “Oh sí, eso es tan obvio”, mientras otra voz mental exclama con incredulidad “¡esos son inventos!”.

Ciertamente es experimentando, es estableciendo una conexión con la inteligencia organizada del universo (Dios, Fuente, Energía, etc.) lo que permite revelarnos el espíritu que está en nosotros. Sin embargo la realidad del mundo externo ha insistido en mostrar nuestro interior y lo que allí sucede como una ilusión, como si lo externo fuera el mundo real que de manera impositiva se presenta ante el ser humano.

La meditación como práctica milenaria tuvo para todos los budas, avatares y salvadores de la historia, el rol de conectarlos con su espíritu, con el espacio más genuino que reside en nosotros para su autoconocimiento. Estos hombres a través de dicha acción lograron saber de qué estaban hechos, cuál era su propósito, la razón de la existencia (de la suya) y por consiguiente, la capacidad de poder manejar su propia mente, convirtiéndose así en seres de paz, sabios y libres.

La libertad es un deseo, una aspiración presente y constante que se relaciona con la insatisfacción diaria, con la “sensación” de sentir que se está en el lugar incorrecto, con la o las personas incorrectas y haciendo lo incorrecto. La insatisfacción entonces se instala como un estado permanente, verdadero e inevitable que el ser humano asume sin resistencia, es más, piensa, siente y actúa como si aquello fuera la razón de su existencia, en resumen: renuncia a su libertad.

Los seres que conocen su espíritu -aquello que somos-, llegan a un estado de libertad tal que el mundo exterior no lo aprueba definiéndolo como “locura”,

“ya que no es posible dejarlo todo, todo lo material, lo afectivo y lo conocido hasta ahora, ¿cómo?, pues si eso es libertad mejor quedarse en la “cárcel” de todos los días”, mejor seguir viendo la película de final conocido: “y fuimos infelices para siempre”.

Una de las emociones que actúa como barricada o bloqueo al momento de decidir por la liberación es el “miedo”. Como es habitual somos seres de rutinas, las necesitamos, ya sea nos peinamos igual, caminamos por las misma calles y  usamos la misma cantidad de azúcar todos los días. La idea es sentir seguridad y el convencimiento ilusorio de tener el control sobre lo que vendrá: el futuro. Tales razones son impuestas por la mente, aquella voz tras el escenario que va dando indicaciones como un director sobre nuestros actos, el cómo sentirnos, pensar y hasta dónde enojarnos.

Es aquí donde la meditación toma un rol revelador demostrándonos en qué medida la mente dirige lo que hacemos a cada instante y cómo aquello influye en las sensaciones del cuerpo. Parece un todo, como una condena de la cual no podremos zafar, sin embargo, con la meditación descubres que por sobre la voz mental está el Ser y con ello la oportunidad de domar la mente, dirigir los pensamientos y eliminar las diversas adicciones que terminan por arrebatar la libertad del hombre.

Las adicciones son innumerables e inconscientes y  comunes entre los humanos, esto se proyecta en frases ordinarias como: “tengo mucho trabajo”, “no tengo tiempo”, “ deseo esto o aquello”, “me carga lo que hago, pero me pagan bien”, “soy así y así me quedaré”, “quiero comprarme esto o lo otro”, “soy lo que los demás dicen de mi”, “tengo muchas deudas” o “no puedo hacerlo, me quedo con la vida que tengo”, son frases condicionadas por el mundo exterior y su manera asfixiante de determinar el devenir del hombre, como si él no tuviera la capacidad de cambiar las cosas, de vivir distinto, de vivir mejor.

Los que escucharon el “espíritu”, los que encontraron su Ser allí bajo las adicciones, descubrieron que a través de la conexión que establece el espíritu con la energía inteligente organizadora del Universo, se puede obtener una verdad, una respuesta, aquel despertar de la conciencia que entrega las instrucciones del viaje. Los esfuerzos, la ansiedad, la pena y la insatisfacción desaparecen, iniciándose así la danza con la vida, con aquello que vinimos a hacer, con el propósito de la vida, de la tuya y la mía. Por fin establecemos un vínculo con el Ser, con ese pequeño colibrí que nos habla de manera genuina y que nos conduce a vivir en libertad.

En conclusión, el “estado humano” nos aleja de lo real e importante de nuestra esencia en el más puro de los sentidos, pues todos tenemos espíritu, todos al morir en la Tierra seremos abandonados por él. Es así como un vivo ahora muerto deja de brillar, deja de mirar, deja de sentir, deja de conectarse con la humanidad. Por lo tanto la frase ya no será “debes ser más humano” o “actúa como tal” sino “sé tú, sé espíritu” y con ello, comprender aún más la experiencia humana que hoy nos ocurre. 

16 junio 2012

Vipassana o el salir de la Matrix


¿Sientes que no perteneces al mundo que habitas?

Un día, lejos de Chile, estaba en una situación complicada, estaba haciendo cosas que siempre había soñado, trabajaba con muchas personas diversas, un encanto de espacio, sin embargo el equilibrio, si es que algún día lo tuve, se había ido. En ese instante surgieron preguntas: ¿soy feliz?,  ¿siento que fluyo con lo que hago?, ¿era esto lo que buscaba?, ¿por qué perdí la paz si supuestamente estaba en el lugar correcto?

En esos instantes comenzaron a aparecer los maestros.

Una amiga muy especial que por esos días se encontraba en Bolivia y con la cual conversaba por Internet estando en Ecuador, me pregunta: ¿Por qué no haces un curso Vipassana? Ella llevaba unos 3 a 4 realizados y vaya que su ser había cambiado, era una persona honesta, amable y de gran entendimiento. Su propuesta no tardó en ser aceptada, busqué la web, llené la ficha de inscripción y quedé en lista de espera, como estaba a una semana de volver a Chile, pensé “si hay que hacerlo la lista de espera correrá”.

Los cursos de Vipassana se hacen en todo el mundo. Duran 10 días, es decir, en solo 240 horas de tu vida podrás experimentar el desprendimiento de todo lo conocido, salir de tu “realidad” e ingresar al mundo de la meditación y el noble silencio.

Vipassana es una técnica inspirada por Gautama, el Buda, quien llegara a la visión cabal, a la verdad última sobre la realidad del hombre, quien descubriera hace 25 siglos de qué estamos hechos (partículas subatómicas) y que el “yo” era solo una ilusión construida por el ego. Un hombre iluminado que dejó una técnica que permite la “aceptación de la realidad” o ecuanimidad, la concepción de  la impermanencia, la apertura del “ser” para ser feliz y por sobretodo, la liberación.  

Descubres que tienes la posibilidad de acabar con la ignorancia que frena ese cambio que buscas, sin duda la ignorancia espiritual no deja ver y te condiciona a creer que el mundo externo es lo más concreto que tienes.

Vipassana confirma
Al pasar los días llega la confirmación, dejando la lista de espera y obteniendo el cupo esperado.

Faltaban 4 días para lo que en ese momento llamaba “retiro”. Los nervios se manifestaban en las tripas, sentía ese miedo extraño que te hace pensar “y si mejor no voy”, mientras el ser desde las profundidades dice “debes ir”. Estás en esa dualidad y a veces en la polaridad de oponerte a tu propio cambio, es la mente la que se resiste, comportándose poderosa e indómita.

Al llegar al lugar del “retiro” (Putaendo-Chile) te hacen responder un cuestionario, aceptar el código de disciplina y entregar tus pertenencias “valiosas” como celulares, dinero y en mi caso la libreta de anotaciones más el lápiz. Luego te ubicas en la habitación que compartirás con una o más personas, hablas, miras, preguntas y luego asumes que esta persona será tu compañero de este viaje sin retorno.

Tienes cierta ansiedad porque todo empiece pronto. En la noche de aquel día te comprometes a cumplir 5 preceptos o Sila (moralidad) durante 10 días: No matar, no robar, no mentir, no tener relaciones sexuales y no consumir tóxicos, confieso que todas eran posibles, excepto “no mentir”. También ingresas en el noble silencio y en la experiencia de estar solo aunque estés en un mismo espacio con más de 70 personas, entre hombres y mujeres. La jornada siguiente, como todas las que vendrían, comenzaría a las 4 de la madrugada al toque de gong -que temes no escuchar-, meditar más de 10 horas diarias, más el desayuno, almuerzo y merienda, para luego ir a la cama a las 21:30 horas.

Parece sencillo, los comentarios de los amigos y la familia antes de partir son: “las medias vacaciones”, “yo quisiera desconectarme” o “estar onda relajado meditando 10 días, la suertecita”. Esos comentarios me daban pudor y con ello la reflexión de si en realidad merecía tener ese espacio mientras el mundo iba a 180 kilómetros por hora. Una mezcla de irresponsabilidad y deber estaban en el ambiente.

Al toque de Gong
El silencio de la madrugada hace surgir un gong imponente y envolvedor, son las 4 de la mañana, ¡a levantarse!

Todos bien abrigados enfilamos a la sala de meditación. Es importante acomodarse muy bien, ya que estarás dos horas sentado (para comenzar). Aquí los cojines son importantes, serán tus amigos más cercanos, contendrán todo tu cuerpo durante largas jornadas y días, deben ser resistentes, ya que los dolores no se harán esperar.

La primera tarea será centrar la mente en un pequeño espacio a la altura de las fosas nasales y la comisura del labio superior, donde ingresa la respiración (inspiración y expiración), además de identificar las sensaciones, esta práctica se denomina Samadhi(meditación). La misión parece simple y la mente de manera brutal no revela las dimensiones ni las dificultades de dicho ejercicio.

Las primeras complicaciones son “cómo estar sentado” para no incomodarnos después de un largo o corto tiempo. La espalda es la primera en acusar la falta de apoyo, el trasero a la altura del coxis desea un mejor cojín, las piernas duelen al estar dobladas en forma de indio y tu mente no logra ni por medio minuto conectarse con ese pequeño triángulo de la cara.

Era complejo concentrarse, un desafío para campeones, no logras focalizar la respiración y las sensaciones, mientras tratas de evitar el dolor físico. A cada instante la mente se adueña de la atención, piensas cosas sin sentido como “más rato me bañaré con agua caliente”, “pucha me duele la espalda”, “porqué no traje más ropa” o “ese tipo ‘X’ me cae pésimo”.

Es así como empiezas a descubrir situaciones valiosísimas para la vida. Primero es comprobar que el 98 por ciento de lo que piensas carece de contenido y tiene trascendencia cero o mejor dicho, no te conducen a nada concreto, a nada. La mente se comportaba como un Big Bang de pequeñas unidades de pensamientos (energía e información) desconectadas entre si. Cada una de estas unidades estaban centradas en un recuerdo (pasado) o lo que vendrá (futuro), el presente no lo conocía, creía desde una comprensión intelectual lo que era, pero como no lo había experimentado jamás, era imposible saberlo.

Por lo tanto lo segundo que descubres es que hasta ese minuto jamás habías experimentado el presente, 34 años de vida sin vivenciar el “aquí”, entonces qué podría saber de la realidad, de lo que perciben los sentidos y su construcción casi inmediata de lo que creemos ver.

Es brutal y común preguntarse: “quién” eres realmente. Te deslizas de manera lineal por el tiempo gracias al sistema nervioso, ya que pareciera que no estamos preparados para experimentar todo de una vez, sin embargo, todo está allí flotando como un sistema solar.

Lo tercero y con ello la caída “en parte” del ego, es darse cuenta que nuestras comprensiones de las cosas son desde la intelectualidad, o sea desde la capa externa de la mente, del consciente, sin hacer “carne” aquello que profesamos saber. Es como depositar la creencia en una ilusión que aceptamos sin saber si es cierta. Decimos “sí, claro eso es así”, “estamos todos en red”, “hay que vivir en el aquí y el ahora” o “nuestro espíritu está alegre”:

¿Qué es espíritu?
¿Qué es así?
¿Qué es la red?
¿Qué es el presente?



El dolor
Después de (tus primeras) dos horas de meditación viene el desayuno que es muy abundante, ya que el almuerzo es mesurado y la merienda un guiño. Todo aquello es pensando en el estado que debes lograr para poder constatar tu ser en ese breve instante llamado presente. Aquí no hay azares, cada elemento de la experiencia tiene una razón, aunque trates de cuestionarlo.

Al inicio no comprendes porqué debes tener la concentración en un solo punto del cuerpo durante horas y días, pues la mente habla hasta el cansancio, el hemisferio izquierdo se resiste a ser domado y acallado, él no quiere rendirse. Sientes que cada intento de concentración es fallido, que no lo lograrás e incluso te preguntas abriendo con disimulo los ojos “qué hago aquí entre todas estas estatuas humanas mientras el mundo se incendia”.

Paralelo a ello, comienzas a sentir dolores en diversas partes del cuerpo, esto no es para todos igual. Sientes dolores musculares, tensión, ardor, te enderezas y duele, te encojes y duele,  te inclinas hacia la derecha y duele más. Cambias las piernas de posición y claro, ya los pies no se duermen, pero las rodillas punzan. El estómago es un festival de sonidos, los eructos se aflojan como ángeles y otros temas que no detallaré. Es tan común toda esta sensación corporal que la comunidad de meditantes entra en una intimidad que parece igualarnos.

Sabes que si la meditación dura una hora, hora y media y hasta dos, debes permanecer allí, debes lograr “observar el dolor”, aceptar la realidad “tal y como es”. La razón es muy potente, ya que al observar el dolor, logras ampliar tu capacidad de vivir ante lo que rechazas sin rechazarlo,  aún más, empiezas a saber quién eres.

El cerebro tiende a reaccionar y cada reacción acrecienta las sensaciones. Por ejemplo, si sientes un dolor el cerebro reacciona con aversión consiguiendo acentuar así la sensación (vedana) y de paso el pensamiento: “Esto no lo quiero”. Lo mismo ocurre cuando la sensación es agradable: “Quiero repetirla”. Cada sensación en su forma se convierte esencialmente en una adicción, hecho que nos hace depender de ellas, ya sea deseando o rechazando, ambos trayectos nos producen un estado común que trasciende a cualquier diferencia humana resumida en una sola palabra: infelicidad, ser desdichado.

Es aquí donde mente y materia, pensamiento y cuerpo, sentir y salud, parecen ligarse o quizás nunca estuvieron separados. Cada uno trabaja para el otro.

Observar el dolor es una experiencia inicialmente violenta, ya que lo intentas controlar o te resistes, sin embargo la clave está es entregarse a aquello que pasa en ese presente, en este instante, aceptando la realidad “tal y como es”. Esa simple acción hace aminorar el dolor corporal, parece magia pero es real. Descubres que gran favor le haces a tu cuerpo actuando así.

Al salir de la sala de meditación tras la experiencia de conocerse sientes estar en un estado de tránsito y hasta te desplazas de la misma forma. No comprendes nada, mientras un velo comienza a resbalar. Quieres arrancar de allí, dejar la práctica hasta ahí. Quieres volver a tu vida de ilusión, ya que la otra, la que está por venir te asusta, pues es desconocida, en definitiva: estás apunto de salir de la Matrix.

Todo cambia
Los días pasan como un parpadeo, son intensos. El silencio parece una necesidad, es una decisión noble y sabia.

Comienzas a ansiar la estabilidad, sientes que la necesitas, ya sea al meditar, al sentir, al pensar, al caminar, al dormir. Quieres que todo sea “de una forma”. Quieres que ese viaje como quien cae al túnel sin fondo del País de las Maravillas termine ¡ya!

Pero no, eso no es posible, ya que descubres un cuarto elemento que la propia técnica confirma una y otra vez: la impermanencia.

Cuando hablan del fluir de las cosas no es una metáfora, ya que tanto las sensaciones, el vivir constante, el nacer para morir, nuestra piel o el comportar de las partículas subatómicas nos indican que “todo aparece y desaparece”. Nadie se baña dos veces en un mismo río (Heráclito).

La impermanencia es un hecho y una constante, permanecer equilibrados o ecuánimes a ello es lo que cambia la historia del buen vivir. De ahí la importancia de aceptar el presente, sea como sea, sea bueno o malo, eso de seguro “cambiará”.

¿Cómo apegarnos a las cosas, a las personas, a lo que pasó o vendrá, a todo lo que creemos que nos pertenece?
¿Qué nos pertenece en la impermanencia universal?

Claramente esto no es simple de procesar, quizás demores toda la vida, un segundo o un promedio de ambas, quién sabe aquello. Estás vivenciando un despertar sin retorno, cambias tu punto de vista o el punto donde te situabas para comprender la maravilla esponjosa del universo, de la nada, del espacio vacío que somos y que habitamos.

Salir de la Matrix es dejar de vivir en el mundo exterior para vivir en el interior y desde él. Nada ocurre fuera sino dentro de nosotros; es el proceso de cambio imprescindible, el necesario, el despertar espiritual que falta para vivir en armonía con el todo.

La experiencia Vipassana te entrega las llaves o quizás tu mismo te las entregas  para despertar a la vida, a esa que durante tus primeros nueve meses existía, donde tu ser era honesto contigo y tu con él.

Saliendo de la Matrix
Al cuarto día,  el profesor indica que luego de estar tres días agudizando la mente a través del ejercicio de concentración llamado Samadhi (meditación), puedes pasar a la práctica Vipassana.

La nueva misión es concentrar  la atención y ecuanimidad en cada parte del cuerpo, desde  la cabeza a los pies y de los pies a la cabeza. Distinguir cuáles son las sensaciones, si son fuertes, sutiles o si no detectas nada. Además, se suma otro desafío, en las meditaciones grupales (tres diarias y de una hora de duración) deberás mantener la misma postura, los ojos cerrados y tus manos en el mismo lugar, pase lo que pase.

En la cuarta jornada las molestias han crecido. Surgen nuevos dolores mientras los primeros síntomas van en retirada. La mente logra concentrarse y el hemisferio izquierdo se ha rendido, ya no sientes esa voz interna que parlotea. Comienzas a experimentar el presente e ingresas al área del inconsciente, aquel espacio vedado y misterioso del ser humano.

La concentración es un estado que amplifica tus sentidos, consintiendo que escuches todo, hasta los sonidos más sutiles. Tu mente alcanza una claridad en diversos ámbitos, solucionas temas personales, hallazgos teóricos, espirituales y de vida cotidiana, te invade la creatividad y el manejo del espacio físico, sintiendo cada paso, cada sabor, cada cucharada que ingresas a tu boca.

Al meditar puedes lograr un grado de concentración tal que dejas de moverte, la respiración toma un ritmo muy lento, ingresando cuotas sutiles de aire al cuerpo. Las extremidades se paralizan y solo la cabeza parece existir. Posteriormente sucede algo maravilloso, por fin comienza el viaje hacia el interior, alcanzando esa fusión con el todo, mente y materia parecen uno, siendo un instante tan verdadero, sin perder por cierto ninguna conexión con el entorno, es decir, no es que estés “en otra”, es que estás experimentando el increíble estado de la reveladora lucidez.

Es así como inicias el camino hacia la sabiduría o Pañña.  

Durante los 6 días restantes las meditaciones estarán enfocadas en observar las sensaciones de cada parte del cuerpo, precisar la manifestación del free flow o libre fluir de la energía y el conocimiento cabal de ti mismo.

Cada día tiene su afán. Cuando ya piensas que aprendiste, que estás unido con el todo, al siguiente segundo ya eres una piedra insensible que parece no conectarse con nada. Nada permanece, todo duele y deja de doler. Ciertamente los primeros 6 días sientes que eres un deportista en un centro de alto rendimiento, piensas que no lo lograrás. La mente por su parte te envía sueño, cansancio, justificaciones, es la verdadera serpiente de la historia, es la indomable que debe ser sometida por ti.

En paralelo, la noche y el dormir tienen su rol también, cada sueño parece una revelación. Surgen así las personas que han sido claves en el camino, los que amas, los que odias, tus pudores, la locura de las tormentas personales fijadas en concretas tempestades oníricas. El magnífico gong se materializa en los sueños, marcando principios y fines, abriendo espacios, cerrando otros. En otros casos ni alcanzas a soñar porque es imposible dormir, tienes tanto ahí dentro que arreglar.

Vipassana, la técnica de la liberación
Es increíble lo que puedes hacer en solo 10 días de tu vida. Es inevitable hacer una lista mental  extensa con los nombres o personas que deseas que lo vivan. Al cabo del curso te sientes realmente feliz porque no solo ves una oportunidad para ti sino para el mundo.

Meditar puede ser la actividad comunitaria capaz de sanar al mundo.

Sabes que lo esencial no está en los 10 días ni en el aprendizaje de la técnica, sino en la constancia de la práctica. Desde hoy sabes que la meditación se sumará a tu cotidianeidad, de lo contario la mente hará su trabajo y comenzarás a creer nuevamente en el mundo exterior sabiendo la verdad de la Matrix.

Al meditar temprano, antes de cualquier otra actividad, puedes comenzar el día con mucha energía, buen carácter y equilibrio mental, lo notas al trabajar, al realizar tareas, todo parece fácil y de fluir rápido, te sientes inspirado por vivir.

Tus objetivos de vida también cambian al descubrir (ver) tus talentos y el propósito de vida, aquella verdad que llena de sentido la existencia, sabes que aquello lo harás con gusto, sin quejas ni agotamientos y lo que es mejor, buscas que tu labor pueda servir a los demás.

Todos los parámetros conocidos de lo que debe ser la vida, el trabajo y las relaciones humanas desaparecen, la mente se rinde y decides abandonar la vida que tenías, optando por actuar de manera honesta con tu ser.

Ya no sigues al mundo,  aquella cáscara consensuada como realidad mundial ha desaparecido y tu te has liberado.

Desde hoy eres una mujer y un hombre libre.

18 abril 2012

El plan de vida: ¿una herramienta o un obstáculo?



Volcán Chimborazo - Ecuador, más cerca del cielo!
En la mitad del mundo, cercana a la mitad de la vida e iniciando pensamientos que suenan bien durante la mitad del día, lanzo a la mesa de manera estrepitosa una discusión y diálogo interno casi sin tantas respuestas y a la vez inquietantes como es el proyecto de vida.

Existe una frase famosa que dice que “el mapa no es el territorio”, algo así como lo que vemos no es precisamente lo único y real que existe fuera de nosotros, es más, el mapa vendría siendo esa construcción personal de cómo proyectamos el mundo y desde donde lo vivimos. Es así cómo diseñamos lo que deseamos que sea nuestra vida, ya sea hoy, mañana y cuando ya no estemos aquí.

Muchas veces me pregunté qué quería, deseaba hacer algo que me provocara placer, no mucho esfuerzo, donde pudiera fluir, hacer eso que nace sin complejidades desde ese centro inimaginable llamado alma. Algunos definen ese estado y acción como “talento”, o como la vinculación extraordinaria que alcanzamos con Dios.

Diseñar el plan requiere claridad, aunque la pregunte surga de rebote: ¿Y por qué es necesario un plan?, porque un plan no es un acto burocrático sobre lo que se desea que suceda, sino mas bien es algo que se relaciona con la intimidad del ser, en otras palabras, es un acto inspiracional donde proyectamos nuestro tres cuerpos: el pensamiento, lo emocional y el movimiento, conjugados en un instante podría decirse “un ser humano VIVO”.

Esta capacidad de poder proyectar nuestro bienestar para vivir en comunión con el “todo” es donde se encuentra el valor de pensar un proyecto de vida. Sinceramente nunca tendré total certeza de qué es lo mejor o lo que quiero, porque quiero todo, quiero al universo y su rapto para ir con él descubriendo mundos incapaces de ser imaginados por la cabeza humana. En definitiva es lograr comunión, ser comunidad del gran territorio.

Qué hice. No dude en trazar un camino que tuviera entre sus diversidades un “viaje” o lo que defino como el acto más puro de conocer, de alimentarnos de eso jamás visto y por cierto, controlado. Al inicio y como parte del destino, el viaje me trató con ese amor que te hace ver belleza en todo lo nuevo que experimentas. Pero también se encargó de manera radical de hacer que descubriera mi verdad, aquella incómoda e inevitable, pero necesaria.

Y saben? El proyecto de vida puede estar lleno de actividades que se relacionen con la búsqueda del aplauso, del reconocimiento o de un afán obsesivo por hacer del trabajo la vida, instalándolo como una prioridad para el mundo y con ello creernos indispensables. Un juego extraño del ego y de la miseria humana que busca evitar mirarnos y detectar con verdad aquello que es propio y necesario para llevar una vida en abundancia, una vida “real”.

Lo interesante del acto inspiracional además de pensar cuál sería la ruta, es descubrir uno de los mejores hallazgos de mi vida, y es que sino estamos dispuestos a sorprendernos, a que el timón gire y nos lleve por donde desea, es muy difícil vivir y ser feliz.

Hoy día, en este presente, el proyecto tiene una nueva premisa y esta es: No hay diseño sino vivir para que la vida y sus confabulaciones permitan interpretar y satisfacer mi deseo íntimo. Comprendí que caminar solo da muchas posibilidades de movimiento, pero en compañía puede abrir conversaciones y posibilidades que amplían el horizonte de lo que hasta ahora pensábamos posible.

Nadie dice que el viaje ha concluido. Quién sabe a que me dedicaré después de esto o a qué le dedicaré mi tiempo y pasión…y qué importa, si nada de lo que viene es posible saberlo, menos controlarlo. Después de vivir planificando, creo que sin el deseo a la “sorpresa” y al “improvisación”, es mejor no intentar el acto milagroso de “vivir”.