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04 julio 2012

SOMOS ESPÍRITU



San Francisco de Asís en uno de sus tantos estados de iluminación descubre que “somos espíritu”, somos un espíritu que experimenta la experiencia humana.

Dicha iluminación para ser entendida debe sobrepasar la comprensión intelectual que acostumbra a decirnos con voz gruesa “Oh sí, eso es tan obvio”, mientras otra voz mental exclama con incredulidad “¡esos son inventos!”.

Ciertamente es experimentando, es estableciendo una conexión con la inteligencia organizada del universo (Dios, Fuente, Energía, etc.) lo que permite revelarnos el espíritu que está en nosotros. Sin embargo la realidad del mundo externo ha insistido en mostrar nuestro interior y lo que allí sucede como una ilusión, como si lo externo fuera el mundo real que de manera impositiva se presenta ante el ser humano.

La meditación como práctica milenaria tuvo para todos los budas, avatares y salvadores de la historia, el rol de conectarlos con su espíritu, con el espacio más genuino que reside en nosotros para su autoconocimiento. Estos hombres a través de dicha acción lograron saber de qué estaban hechos, cuál era su propósito, la razón de la existencia (de la suya) y por consiguiente, la capacidad de poder manejar su propia mente, convirtiéndose así en seres de paz, sabios y libres.

La libertad es un deseo, una aspiración presente y constante que se relaciona con la insatisfacción diaria, con la “sensación” de sentir que se está en el lugar incorrecto, con la o las personas incorrectas y haciendo lo incorrecto. La insatisfacción entonces se instala como un estado permanente, verdadero e inevitable que el ser humano asume sin resistencia, es más, piensa, siente y actúa como si aquello fuera la razón de su existencia, en resumen: renuncia a su libertad.

Los seres que conocen su espíritu -aquello que somos-, llegan a un estado de libertad tal que el mundo exterior no lo aprueba definiéndolo como “locura”,

“ya que no es posible dejarlo todo, todo lo material, lo afectivo y lo conocido hasta ahora, ¿cómo?, pues si eso es libertad mejor quedarse en la “cárcel” de todos los días”, mejor seguir viendo la película de final conocido: “y fuimos infelices para siempre”.

Una de las emociones que actúa como barricada o bloqueo al momento de decidir por la liberación es el “miedo”. Como es habitual somos seres de rutinas, las necesitamos, ya sea nos peinamos igual, caminamos por las misma calles y  usamos la misma cantidad de azúcar todos los días. La idea es sentir seguridad y el convencimiento ilusorio de tener el control sobre lo que vendrá: el futuro. Tales razones son impuestas por la mente, aquella voz tras el escenario que va dando indicaciones como un director sobre nuestros actos, el cómo sentirnos, pensar y hasta dónde enojarnos.

Es aquí donde la meditación toma un rol revelador demostrándonos en qué medida la mente dirige lo que hacemos a cada instante y cómo aquello influye en las sensaciones del cuerpo. Parece un todo, como una condena de la cual no podremos zafar, sin embargo, con la meditación descubres que por sobre la voz mental está el Ser y con ello la oportunidad de domar la mente, dirigir los pensamientos y eliminar las diversas adicciones que terminan por arrebatar la libertad del hombre.

Las adicciones son innumerables e inconscientes y  comunes entre los humanos, esto se proyecta en frases ordinarias como: “tengo mucho trabajo”, “no tengo tiempo”, “ deseo esto o aquello”, “me carga lo que hago, pero me pagan bien”, “soy así y así me quedaré”, “quiero comprarme esto o lo otro”, “soy lo que los demás dicen de mi”, “tengo muchas deudas” o “no puedo hacerlo, me quedo con la vida que tengo”, son frases condicionadas por el mundo exterior y su manera asfixiante de determinar el devenir del hombre, como si él no tuviera la capacidad de cambiar las cosas, de vivir distinto, de vivir mejor.

Los que escucharon el “espíritu”, los que encontraron su Ser allí bajo las adicciones, descubrieron que a través de la conexión que establece el espíritu con la energía inteligente organizadora del Universo, se puede obtener una verdad, una respuesta, aquel despertar de la conciencia que entrega las instrucciones del viaje. Los esfuerzos, la ansiedad, la pena y la insatisfacción desaparecen, iniciándose así la danza con la vida, con aquello que vinimos a hacer, con el propósito de la vida, de la tuya y la mía. Por fin establecemos un vínculo con el Ser, con ese pequeño colibrí que nos habla de manera genuina y que nos conduce a vivir en libertad.

En conclusión, el “estado humano” nos aleja de lo real e importante de nuestra esencia en el más puro de los sentidos, pues todos tenemos espíritu, todos al morir en la Tierra seremos abandonados por él. Es así como un vivo ahora muerto deja de brillar, deja de mirar, deja de sentir, deja de conectarse con la humanidad. Por lo tanto la frase ya no será “debes ser más humano” o “actúa como tal” sino “sé tú, sé espíritu” y con ello, comprender aún más la experiencia humana que hoy nos ocurre. 

16 junio 2012

Vipassana o el salir de la Matrix


¿Sientes que no perteneces al mundo que habitas?

Un día, lejos de Chile, estaba en una situación complicada, estaba haciendo cosas que siempre había soñado, trabajaba con muchas personas diversas, un encanto de espacio, sin embargo el equilibrio, si es que algún día lo tuve, se había ido. En ese instante surgieron preguntas: ¿soy feliz?,  ¿siento que fluyo con lo que hago?, ¿era esto lo que buscaba?, ¿por qué perdí la paz si supuestamente estaba en el lugar correcto?

En esos instantes comenzaron a aparecer los maestros.

Una amiga muy especial que por esos días se encontraba en Bolivia y con la cual conversaba por Internet estando en Ecuador, me pregunta: ¿Por qué no haces un curso Vipassana? Ella llevaba unos 3 a 4 realizados y vaya que su ser había cambiado, era una persona honesta, amable y de gran entendimiento. Su propuesta no tardó en ser aceptada, busqué la web, llené la ficha de inscripción y quedé en lista de espera, como estaba a una semana de volver a Chile, pensé “si hay que hacerlo la lista de espera correrá”.

Los cursos de Vipassana se hacen en todo el mundo. Duran 10 días, es decir, en solo 240 horas de tu vida podrás experimentar el desprendimiento de todo lo conocido, salir de tu “realidad” e ingresar al mundo de la meditación y el noble silencio.

Vipassana es una técnica inspirada por Gautama, el Buda, quien llegara a la visión cabal, a la verdad última sobre la realidad del hombre, quien descubriera hace 25 siglos de qué estamos hechos (partículas subatómicas) y que el “yo” era solo una ilusión construida por el ego. Un hombre iluminado que dejó una técnica que permite la “aceptación de la realidad” o ecuanimidad, la concepción de  la impermanencia, la apertura del “ser” para ser feliz y por sobretodo, la liberación.  

Descubres que tienes la posibilidad de acabar con la ignorancia que frena ese cambio que buscas, sin duda la ignorancia espiritual no deja ver y te condiciona a creer que el mundo externo es lo más concreto que tienes.

Vipassana confirma
Al pasar los días llega la confirmación, dejando la lista de espera y obteniendo el cupo esperado.

Faltaban 4 días para lo que en ese momento llamaba “retiro”. Los nervios se manifestaban en las tripas, sentía ese miedo extraño que te hace pensar “y si mejor no voy”, mientras el ser desde las profundidades dice “debes ir”. Estás en esa dualidad y a veces en la polaridad de oponerte a tu propio cambio, es la mente la que se resiste, comportándose poderosa e indómita.

Al llegar al lugar del “retiro” (Putaendo-Chile) te hacen responder un cuestionario, aceptar el código de disciplina y entregar tus pertenencias “valiosas” como celulares, dinero y en mi caso la libreta de anotaciones más el lápiz. Luego te ubicas en la habitación que compartirás con una o más personas, hablas, miras, preguntas y luego asumes que esta persona será tu compañero de este viaje sin retorno.

Tienes cierta ansiedad porque todo empiece pronto. En la noche de aquel día te comprometes a cumplir 5 preceptos o Sila (moralidad) durante 10 días: No matar, no robar, no mentir, no tener relaciones sexuales y no consumir tóxicos, confieso que todas eran posibles, excepto “no mentir”. También ingresas en el noble silencio y en la experiencia de estar solo aunque estés en un mismo espacio con más de 70 personas, entre hombres y mujeres. La jornada siguiente, como todas las que vendrían, comenzaría a las 4 de la madrugada al toque de gong -que temes no escuchar-, meditar más de 10 horas diarias, más el desayuno, almuerzo y merienda, para luego ir a la cama a las 21:30 horas.

Parece sencillo, los comentarios de los amigos y la familia antes de partir son: “las medias vacaciones”, “yo quisiera desconectarme” o “estar onda relajado meditando 10 días, la suertecita”. Esos comentarios me daban pudor y con ello la reflexión de si en realidad merecía tener ese espacio mientras el mundo iba a 180 kilómetros por hora. Una mezcla de irresponsabilidad y deber estaban en el ambiente.

Al toque de Gong
El silencio de la madrugada hace surgir un gong imponente y envolvedor, son las 4 de la mañana, ¡a levantarse!

Todos bien abrigados enfilamos a la sala de meditación. Es importante acomodarse muy bien, ya que estarás dos horas sentado (para comenzar). Aquí los cojines son importantes, serán tus amigos más cercanos, contendrán todo tu cuerpo durante largas jornadas y días, deben ser resistentes, ya que los dolores no se harán esperar.

La primera tarea será centrar la mente en un pequeño espacio a la altura de las fosas nasales y la comisura del labio superior, donde ingresa la respiración (inspiración y expiración), además de identificar las sensaciones, esta práctica se denomina Samadhi(meditación). La misión parece simple y la mente de manera brutal no revela las dimensiones ni las dificultades de dicho ejercicio.

Las primeras complicaciones son “cómo estar sentado” para no incomodarnos después de un largo o corto tiempo. La espalda es la primera en acusar la falta de apoyo, el trasero a la altura del coxis desea un mejor cojín, las piernas duelen al estar dobladas en forma de indio y tu mente no logra ni por medio minuto conectarse con ese pequeño triángulo de la cara.

Era complejo concentrarse, un desafío para campeones, no logras focalizar la respiración y las sensaciones, mientras tratas de evitar el dolor físico. A cada instante la mente se adueña de la atención, piensas cosas sin sentido como “más rato me bañaré con agua caliente”, “pucha me duele la espalda”, “porqué no traje más ropa” o “ese tipo ‘X’ me cae pésimo”.

Es así como empiezas a descubrir situaciones valiosísimas para la vida. Primero es comprobar que el 98 por ciento de lo que piensas carece de contenido y tiene trascendencia cero o mejor dicho, no te conducen a nada concreto, a nada. La mente se comportaba como un Big Bang de pequeñas unidades de pensamientos (energía e información) desconectadas entre si. Cada una de estas unidades estaban centradas en un recuerdo (pasado) o lo que vendrá (futuro), el presente no lo conocía, creía desde una comprensión intelectual lo que era, pero como no lo había experimentado jamás, era imposible saberlo.

Por lo tanto lo segundo que descubres es que hasta ese minuto jamás habías experimentado el presente, 34 años de vida sin vivenciar el “aquí”, entonces qué podría saber de la realidad, de lo que perciben los sentidos y su construcción casi inmediata de lo que creemos ver.

Es brutal y común preguntarse: “quién” eres realmente. Te deslizas de manera lineal por el tiempo gracias al sistema nervioso, ya que pareciera que no estamos preparados para experimentar todo de una vez, sin embargo, todo está allí flotando como un sistema solar.

Lo tercero y con ello la caída “en parte” del ego, es darse cuenta que nuestras comprensiones de las cosas son desde la intelectualidad, o sea desde la capa externa de la mente, del consciente, sin hacer “carne” aquello que profesamos saber. Es como depositar la creencia en una ilusión que aceptamos sin saber si es cierta. Decimos “sí, claro eso es así”, “estamos todos en red”, “hay que vivir en el aquí y el ahora” o “nuestro espíritu está alegre”:

¿Qué es espíritu?
¿Qué es así?
¿Qué es la red?
¿Qué es el presente?



El dolor
Después de (tus primeras) dos horas de meditación viene el desayuno que es muy abundante, ya que el almuerzo es mesurado y la merienda un guiño. Todo aquello es pensando en el estado que debes lograr para poder constatar tu ser en ese breve instante llamado presente. Aquí no hay azares, cada elemento de la experiencia tiene una razón, aunque trates de cuestionarlo.

Al inicio no comprendes porqué debes tener la concentración en un solo punto del cuerpo durante horas y días, pues la mente habla hasta el cansancio, el hemisferio izquierdo se resiste a ser domado y acallado, él no quiere rendirse. Sientes que cada intento de concentración es fallido, que no lo lograrás e incluso te preguntas abriendo con disimulo los ojos “qué hago aquí entre todas estas estatuas humanas mientras el mundo se incendia”.

Paralelo a ello, comienzas a sentir dolores en diversas partes del cuerpo, esto no es para todos igual. Sientes dolores musculares, tensión, ardor, te enderezas y duele, te encojes y duele,  te inclinas hacia la derecha y duele más. Cambias las piernas de posición y claro, ya los pies no se duermen, pero las rodillas punzan. El estómago es un festival de sonidos, los eructos se aflojan como ángeles y otros temas que no detallaré. Es tan común toda esta sensación corporal que la comunidad de meditantes entra en una intimidad que parece igualarnos.

Sabes que si la meditación dura una hora, hora y media y hasta dos, debes permanecer allí, debes lograr “observar el dolor”, aceptar la realidad “tal y como es”. La razón es muy potente, ya que al observar el dolor, logras ampliar tu capacidad de vivir ante lo que rechazas sin rechazarlo,  aún más, empiezas a saber quién eres.

El cerebro tiende a reaccionar y cada reacción acrecienta las sensaciones. Por ejemplo, si sientes un dolor el cerebro reacciona con aversión consiguiendo acentuar así la sensación (vedana) y de paso el pensamiento: “Esto no lo quiero”. Lo mismo ocurre cuando la sensación es agradable: “Quiero repetirla”. Cada sensación en su forma se convierte esencialmente en una adicción, hecho que nos hace depender de ellas, ya sea deseando o rechazando, ambos trayectos nos producen un estado común que trasciende a cualquier diferencia humana resumida en una sola palabra: infelicidad, ser desdichado.

Es aquí donde mente y materia, pensamiento y cuerpo, sentir y salud, parecen ligarse o quizás nunca estuvieron separados. Cada uno trabaja para el otro.

Observar el dolor es una experiencia inicialmente violenta, ya que lo intentas controlar o te resistes, sin embargo la clave está es entregarse a aquello que pasa en ese presente, en este instante, aceptando la realidad “tal y como es”. Esa simple acción hace aminorar el dolor corporal, parece magia pero es real. Descubres que gran favor le haces a tu cuerpo actuando así.

Al salir de la sala de meditación tras la experiencia de conocerse sientes estar en un estado de tránsito y hasta te desplazas de la misma forma. No comprendes nada, mientras un velo comienza a resbalar. Quieres arrancar de allí, dejar la práctica hasta ahí. Quieres volver a tu vida de ilusión, ya que la otra, la que está por venir te asusta, pues es desconocida, en definitiva: estás apunto de salir de la Matrix.

Todo cambia
Los días pasan como un parpadeo, son intensos. El silencio parece una necesidad, es una decisión noble y sabia.

Comienzas a ansiar la estabilidad, sientes que la necesitas, ya sea al meditar, al sentir, al pensar, al caminar, al dormir. Quieres que todo sea “de una forma”. Quieres que ese viaje como quien cae al túnel sin fondo del País de las Maravillas termine ¡ya!

Pero no, eso no es posible, ya que descubres un cuarto elemento que la propia técnica confirma una y otra vez: la impermanencia.

Cuando hablan del fluir de las cosas no es una metáfora, ya que tanto las sensaciones, el vivir constante, el nacer para morir, nuestra piel o el comportar de las partículas subatómicas nos indican que “todo aparece y desaparece”. Nadie se baña dos veces en un mismo río (Heráclito).

La impermanencia es un hecho y una constante, permanecer equilibrados o ecuánimes a ello es lo que cambia la historia del buen vivir. De ahí la importancia de aceptar el presente, sea como sea, sea bueno o malo, eso de seguro “cambiará”.

¿Cómo apegarnos a las cosas, a las personas, a lo que pasó o vendrá, a todo lo que creemos que nos pertenece?
¿Qué nos pertenece en la impermanencia universal?

Claramente esto no es simple de procesar, quizás demores toda la vida, un segundo o un promedio de ambas, quién sabe aquello. Estás vivenciando un despertar sin retorno, cambias tu punto de vista o el punto donde te situabas para comprender la maravilla esponjosa del universo, de la nada, del espacio vacío que somos y que habitamos.

Salir de la Matrix es dejar de vivir en el mundo exterior para vivir en el interior y desde él. Nada ocurre fuera sino dentro de nosotros; es el proceso de cambio imprescindible, el necesario, el despertar espiritual que falta para vivir en armonía con el todo.

La experiencia Vipassana te entrega las llaves o quizás tu mismo te las entregas  para despertar a la vida, a esa que durante tus primeros nueve meses existía, donde tu ser era honesto contigo y tu con él.

Saliendo de la Matrix
Al cuarto día,  el profesor indica que luego de estar tres días agudizando la mente a través del ejercicio de concentración llamado Samadhi (meditación), puedes pasar a la práctica Vipassana.

La nueva misión es concentrar  la atención y ecuanimidad en cada parte del cuerpo, desde  la cabeza a los pies y de los pies a la cabeza. Distinguir cuáles son las sensaciones, si son fuertes, sutiles o si no detectas nada. Además, se suma otro desafío, en las meditaciones grupales (tres diarias y de una hora de duración) deberás mantener la misma postura, los ojos cerrados y tus manos en el mismo lugar, pase lo que pase.

En la cuarta jornada las molestias han crecido. Surgen nuevos dolores mientras los primeros síntomas van en retirada. La mente logra concentrarse y el hemisferio izquierdo se ha rendido, ya no sientes esa voz interna que parlotea. Comienzas a experimentar el presente e ingresas al área del inconsciente, aquel espacio vedado y misterioso del ser humano.

La concentración es un estado que amplifica tus sentidos, consintiendo que escuches todo, hasta los sonidos más sutiles. Tu mente alcanza una claridad en diversos ámbitos, solucionas temas personales, hallazgos teóricos, espirituales y de vida cotidiana, te invade la creatividad y el manejo del espacio físico, sintiendo cada paso, cada sabor, cada cucharada que ingresas a tu boca.

Al meditar puedes lograr un grado de concentración tal que dejas de moverte, la respiración toma un ritmo muy lento, ingresando cuotas sutiles de aire al cuerpo. Las extremidades se paralizan y solo la cabeza parece existir. Posteriormente sucede algo maravilloso, por fin comienza el viaje hacia el interior, alcanzando esa fusión con el todo, mente y materia parecen uno, siendo un instante tan verdadero, sin perder por cierto ninguna conexión con el entorno, es decir, no es que estés “en otra”, es que estás experimentando el increíble estado de la reveladora lucidez.

Es así como inicias el camino hacia la sabiduría o Pañña.  

Durante los 6 días restantes las meditaciones estarán enfocadas en observar las sensaciones de cada parte del cuerpo, precisar la manifestación del free flow o libre fluir de la energía y el conocimiento cabal de ti mismo.

Cada día tiene su afán. Cuando ya piensas que aprendiste, que estás unido con el todo, al siguiente segundo ya eres una piedra insensible que parece no conectarse con nada. Nada permanece, todo duele y deja de doler. Ciertamente los primeros 6 días sientes que eres un deportista en un centro de alto rendimiento, piensas que no lo lograrás. La mente por su parte te envía sueño, cansancio, justificaciones, es la verdadera serpiente de la historia, es la indomable que debe ser sometida por ti.

En paralelo, la noche y el dormir tienen su rol también, cada sueño parece una revelación. Surgen así las personas que han sido claves en el camino, los que amas, los que odias, tus pudores, la locura de las tormentas personales fijadas en concretas tempestades oníricas. El magnífico gong se materializa en los sueños, marcando principios y fines, abriendo espacios, cerrando otros. En otros casos ni alcanzas a soñar porque es imposible dormir, tienes tanto ahí dentro que arreglar.

Vipassana, la técnica de la liberación
Es increíble lo que puedes hacer en solo 10 días de tu vida. Es inevitable hacer una lista mental  extensa con los nombres o personas que deseas que lo vivan. Al cabo del curso te sientes realmente feliz porque no solo ves una oportunidad para ti sino para el mundo.

Meditar puede ser la actividad comunitaria capaz de sanar al mundo.

Sabes que lo esencial no está en los 10 días ni en el aprendizaje de la técnica, sino en la constancia de la práctica. Desde hoy sabes que la meditación se sumará a tu cotidianeidad, de lo contario la mente hará su trabajo y comenzarás a creer nuevamente en el mundo exterior sabiendo la verdad de la Matrix.

Al meditar temprano, antes de cualquier otra actividad, puedes comenzar el día con mucha energía, buen carácter y equilibrio mental, lo notas al trabajar, al realizar tareas, todo parece fácil y de fluir rápido, te sientes inspirado por vivir.

Tus objetivos de vida también cambian al descubrir (ver) tus talentos y el propósito de vida, aquella verdad que llena de sentido la existencia, sabes que aquello lo harás con gusto, sin quejas ni agotamientos y lo que es mejor, buscas que tu labor pueda servir a los demás.

Todos los parámetros conocidos de lo que debe ser la vida, el trabajo y las relaciones humanas desaparecen, la mente se rinde y decides abandonar la vida que tenías, optando por actuar de manera honesta con tu ser.

Ya no sigues al mundo,  aquella cáscara consensuada como realidad mundial ha desaparecido y tu te has liberado.

Desde hoy eres una mujer y un hombre libre.

20 febrero 2012

Los Invisibles


Qué es lo que nos hace comunes a todos. Por qué ya no miro a los ojos. Por qué me pongo los fonos y subo el volumen hasta el dolor. Por qué me desagrada la pobreza, la marginalidad y con ello, a los niños vibrantes de alegría en dicha realidad. Por qué prefiero depositar, donar o pertenecer a una fundación humanitaria donde jamás podré tocar a los beneficiados, ni olerlos.

Qué es lo que no soporto de las realidades degradantes. Qué es lo que admiro, fascina y encuentro en la realidad televisiva que no puedo apagar. Qué hay en mi teléfono que ya no encuentro en mi entorno vivo y carnal.

A qué me niego todos los días. Qué es lo que no quiero ver. Cuál es esa conversación que evito tener. Por qué mi deporte es  pasar en el pasado para relevarlo a carácter de sagrado. Por qué perdí la fascinación por lo que soñaba cuando era niño, dónde quedaron esos mundos llenos de luz y fantasía de mí “ser niño”, ¿por qué renuncié?

Mi postura es “yo primero”, es “yo siempre”, es “yo, el invencible”, es “yo, la mierda viva que capoto cualquier idea de cambio”, es “yo y todas las cosas que aún no me compro”, es “yo y mi perdida de fe en todo lo que en algún momento me llenaba de pasión, de ganas por la vida y el vivir”.

Todo lo anterior ha confabulado desde un acto inconsciente la construcción de una gran comunidad humana, ellos son los “invisibles”.

Los invisibles no sólo están en África, en Haití, en Irán, en Camboya, Rusia, Bolivia, India o China, no, claro que no. No están sólo en los artículos, en los comerciales humanitarios, en las noticias diarias (que cada vez más tristeza me dan), en el reportaje de guerra, en los migrantes o en las mujeres que cada día mueren por motivos que uno ni dimensiona en esta era digital que aún “no es la de todos”.

Los “invisibles” están en todas partes, están en tu casa, a veces son tus padres, tu abuelo o tu hijo.  Ellos están en las micros, en los hospitales, en la calle caminando sin rumbo con un currículum en blanco, para que decir en la red, allí hay demasiados, pero se multiplican más aún cuando el contacto debe ser directo, con la voz, con el tacto, con el olfato, con los sentidos que nos diferencian de los animales, de las bestias.

Hoy es importante hacer la reflexión, identificar a los que son “invisibles” para nosotros, ya sea porque así lo decidimos o por falta de conciencia, de calidad humana, por exceso de ego y poder.

El mundo es lindo, vale la pena un tango  o  un mambo por él, sobretodo cuando empezamos a construir la comunidad de los que hoy deseas hacer “visibles”. Todo es posible cuando salimos del hermetismo, cuando logramos erguir la cabeza, cuando decidimos vivir como los humanos que somos y para lo que fuimos creados (sea quien sea el creador).

Sería bueno hacer una promesa en pro de los “invisibles” y “visibles”. Sería impactante volver a sentir y a creer como niños y dejar la adultez para los zombis. Es necesario tomarse esto en serio, antes de caer en la muerte prematura con el fin de borrar nuestra especie.

13 enero 2012

Pichidegua “el David” derrota a la termoeléctrica de Fibroandes “el Goliat”

Una gentileza de "Cachapoal sin termoeléctricas" en FB







Una comunidad “humana” de campesinos, de soñadores que viven producto de  la fertilidad de una tierra llamada Pichidegua,  luchó incansablemente para derrotar a un gigante energético de nombre Fibroandes, el Goliat. Hoy libres de una termoeléctrica, celebran al son de la fe y la dignidad de un pueblo que abrazó lo imposible para enseñarnos que unidos “se puede”.

Publicado también en Sitiocero.net
Los inicios de la cruzada de este pueblo chileno llamado Pichidegua que hoy hace historia, comienza con la revelación de una información que alerta a los pequeños agricultores de la zona: “una termoeléctrica desea instalarse en nuestra tierra”.

Si bien nadie entendía de qué se trataba, era lógico pensar que un puñado de “ingenuos” y a veces tratados de ignorantes, no podrían derrotar la maquinaria política, económica y estratégica de un proyecto energético que pretendía quemar guano de pollo para dar energía a un reducido número de casas del país.
Las preguntas surgieron de inmediato: ¿quién está detrás de Fibroandes?, ¿es cierto que Agrosuper venderá el guano a la energética? y luego, ¿qué pasará con nuestra fuente de trabajo?, ¿qué pasará con la fertilidad del valle de Pichidegua?

La batalla comienza el primer semestre del año 2010 junto a un grupo de vecinos, de líderes y agricultores que deciden detener el proyecto contaminante. No era  fácil organizarse, mientras la performance comunicacional de Fibroandes mostraba a través de un canal de televisión a la alternativa energética como una oportunidad, expresando además que el pueblo pichideguano estaba confundido, mal informado y con posibilidades de acceder al proyecto.
David y Goliat frente a frente. Al verlos era imposible pensar que David sería capaz de vencer al Goliat político, económico y empresarial que daba plataforma a Fibroandes.

Surgen las primeras reuniones de la comunidad en la pequeña escuela de Pataguas Cerro, los habitantes participan en las asambleas, los especialistas dan su veredicto: el proyecto es contaminante y venenoso. Se genera una estrategia de información para prevenir a los vecinos de Pichidegua. El mundo escolar y político de la zona se suman a la batalla. Los líderes agro-empresariales se enteran de los efectos de la termoeléctrica, se inicia la gestión de recursos económicos, mientras algunos donan su tiempo sin medir la postergación de sus familias. Es así como se abren los caminos de la gran cruzada del corazón agrícola de Chile.

Nace entonces el Comité en Defensa del Medio Ambiente de Pichidegua, liderado por Gloria Alvarado. En paralelo surgen las desconfianzas y la incertidumbre de saber quién está realmente por la causa. El objetivo de la lucha era simplemente priorizar la tierra como sustento de trabajo, de vida y de identidad del propio país. De esta manera, las personas o los “David” fueron descubriendo de qué estaban hechos como seres humanos y cuál era el valor del espacio que habitaban, confirmando que no solo los beneficiaba a ellos, sino a la luminosa proyección de un país con alma agrícola.

Se albergan esperanzas en las leyes, en la promesa de Chile como “potencia alimentaria” para el 2020, en la necesidad de un mundo que necesita oxígeno para respirar, en el gesto iniciático a primera vista de un pequeño agricultor que siembra para cosechar un cítrico que pronto irá algún lugar del planeta a beneficiar a la humanidad.

Esos grandes hechos lograron la suma pausada de muchos líderes de opinión, de premios nacionales, de especialistas ambientales, de hombres y mujeres que por el mundo comunicaban a través de una fotografía  “No a la termoeléctrica de Pichidegua”, mientras otros en cada manifestación entregaban el mensaje amoroso de un lienzo que expresaba “Yo defiendo Pichidegua NO al basural termoeléctrico”.

Las manifestaciones locales poco a poco rompieron sus fronteras y se movilizaron a la capital del país, donde los “David” encontraron un espacio para interpretar  la voz de un pueblo de 18 mil habitantes que era amenazado por un proyecto contaminante bajo el disfraz de una propuesta de “Energía Renovable No Convencional”, es decir, “no producimos dióxido de carbono” sino lo que es peor “arsénico”.

La comunidad obtiene la posibilidad de mirarse, de preguntarse “quiénes somos”, “cuáles es nuestra identidad”, “por qué somos el corazón de la agricultura nacional y los promotores de las exportaciones de Chile”. Descubren que al ser generadores de semillas están alimentando al planeta y con ello la misión de asegurar la comida de muchas personas que jamás conocerán, es más, descubren su potencia como comunidad humana, logrando acuerdos, múltiples seguidores y la fuerza para construir una historia distinta y esperanzadora para los “pequeños pueblos rurales” del mundo.

La lucha claramente se aseguró con el diálogo constante entre los habitantes y la autoridad, con antecedentes duros y cifras sobre el aporte interno bruto que Pichidegua brinda a Chile. Incluso una vez los campesinos decidieron realizar una intervención mayor, cortando caminos, hablando en clave desde sus teléfonos para posiblemente no ser cuartados al momento de manifestarse. Ellos cuentan con la herencia histórica y la experiencia de la sobrevivencia, son hombres sencillos y fuertes.

Sin pensar que el día llegaría, un viernes 13 de enero del 2012, la Comisión de Evaluación Ambiental de la Región de O’Higgins rechaza por 7 contra 5 votos el proyecto termoeléctrico de Fibroandes, las lágrimas estallan como quien alberga la esperanza de un futuro agrícola promisorio y duradero para cientos de familias. La emoción llena la sala que reúne a una comunidad que apostó y lo arriesgó todo por salvar la fertilidad de una tierra que nos pertenece a todos, ellos hoy son nuestros héroes, nuestros “David” venciendo desde los hechos concretos al gigante “Goliat”.

Es así como Pichidegua marca historia y un precedente auspicioso para los proyectos contaminantes que aún no logran ser rechazados. Es más, hoy  bajo una consigna surgida desde la emoción más movilizadora del mundo, una comunidad agrícola al sur del mundo baila y celebra cantando: “Yo amo a Pichidegua”.

29 diciembre 2011

2012

Salinas de Bolívar, Ecuador


Mirando lo ocurrido estos meses, veo que cada aleteo del colibrí, aquel que con su fuerza consume su dulzura y que lo hace buscar más almíbar, generó todo un movimiento necesario para estar hoy a 3550 metros de altura escribiendo para quienes sienten que el 2012 no acabará nada más que la torpeza de creer en profecías.

Hay una frase hermosa que dice que el futuro es posible si lo inventamos. Hoy tomando aquellas palabras quiero pensar que cada uno de nosotros utilizará sus cualidades de mago para llenar de color el mundo, las calles, las sonrisas de los niños, de los que vienen y de los que partirán. Es tiempo de iluminar faroles, abrir ventanas, lanzar las llaves que cierran y bailar con locura, porque esto no acaba.

La vida me muestra por estos días que no hay mayor justificación y causa del vivir que entregar un poco de tiempo a quienes necesitan del tuyo para sentir esperanza. Cuántas veces  has sentido que ella se fue con otro…con algún optimista. Ahora, en este preciso instante, comparto con alegría junto a la comunidad de los “mochila liviana”, aquellos que dejaron familias, amores, casas y comidas domingueras, solo para expandir el espíritu que otros esperaban con brazos amplios.

Algunas veces pensé que la locura de partir y dejarlo todo era justamente eso. Hoy sé que esta locura es compartida por muchos habitantes del mundo que buscaron un espacio para ser ellos mismos y de una vez por todas vivir con pasión la vida.

Con todo lo observado y vivido estos meses, tengo la certeza de que el año 2012 es un gran comienzo para precisar las acciones y darle movimiento a lo inanimado, a romper los silencios de las mujeres arrastradas por maridos alcohólicos, a proliferar el ciclo de las flores con solo dejar caer gotas de agua y así dar paso al compromiso.

Siento que es la hora…la hora y el año para lanzarse a aquello que hemos postergado, a mirar el mundo desde lo alto y transformarlo desde la cercanía, a apagar los noticieros de las 21 horas y salir a repartir buenas palabras, a llenar las avenidas de miradas intensas de vida y embriagarnos de posibilidades. Si eso es el acabo  de “mundo”, creo que era tiempo de un 2012, dándole fin a nuestra forma limitada y dar paso a la creación de un respirar en abundancia.

Bienvenido 2012!

*Dedicado a Salinas de Bolívar, Ecuador.

17 septiembre 2011

Chile por qué lloras

Entre el cielo y la tierra - FAG
El cambiar de espacio, de perfumes, de personas y ruidosos pasajes, me lleva a escribir estas letras.

Lejos de lo que hoy siento como “mi tierra”, lejos de las personas que dan color y vida a los sucesos que se tornan recuerdos que poblan la mente en los espacios muertos de un día cualquiera, desde aquí, desde un espacio sin tiempo, donde no considero ni las asperezas ni los engaños, y donde lo que pareció un error hoy se convierte en la fortuna de un instante que tuvo que pasar, quiero expresar un relato donde anida la emoción.

Miro a la distancia a un Chile con aires y vientos que encumbran volantines de pensamiento y fuerza, veo a seres jóvenes alejados del temor y tomados de la acción y de  las ganas de un mundo mejor, de un espacio que brinde fortuna para los que vienen. Veo la brecha entre una generación que se fue a dormir después de 30 años de un “mute” obligadamente activado en contraposición con otra que grita como vendedor ambulante lo que cree justo.

También entreveo por estos días la pena del despertad. A veces se despierta contento por la mañana y otras con la sensación de querer que la realidad sea el sueño. 

En los últimos días las lágrimas que han llenado las calles de pétalos rojos y blancos en Chile dejan al descubierto cuánto estamos conteniendo o dejando de expresar lo que ya no nos gusta. No es tan solo un tema de deudas o escasez de dinero, sino de todo lo que se relaciona con lo que imaginamos en pasaría y lo que sucedió.

Hace algunos años éramos niños que reíamos sin pudores y jugábamos a las escondidas como si fuera una de las mayores travesuras, una inocencia que nos mantenía en un estado esperanzador de lo que la vida parecía prometernos.

Los niños son bellos, nosotros fuimos niños y también bellos en el sentido más puro del ser persona, ¿qué quedó de aquello?

Hoy vemos como un país o la gran comunidad de personas que integra nuestro Chile llora a un hombre y personaje público que ya no estará con nosotros, aunque no lo podamos creer.

Hoy me pregunto cuánta de esa pena botada en las calles, en las redes sociales, en las conversaciones en línea, son una señal y signo de lo que tenemos adentro guardado por años, ya sea porque nuestros padres no fueron lo que esperamos o porque deseábamos mucho de nuestro futuro y tan solo nos quedamos detrás de un mostrador ofreciendo pilas Evereaedy  o bebiendo solos en un bar porque ya nadie se ofrece a acompañarnos ni compartir esa fiesta que en el fondo revela lo solitarios que estamos.

No esperemos que llueva afuera para acoplarnos al agua que cae y cae o sumarnos a la muerte de alguien emblemático, no es necesario esperar esas instancias para decirle al mundo lo complejo que ha sido este largo andar o de las frustraciones que por nosotros no han sido resueltas.

Estando lejos muchas veces te dicen “te extraño” y piensas qué fácil hubiera sido una llamada o una visita cuando se estaba presente. Por qué nos damos cuenta tarde de lo que debiéramos hacer en un presente que dejó de serlo.

Es que no hay tiempo que perder, ni horizontes lejanos que vislumbrar, pues todas las cosas están aquí como el aire, como el día que se nos revela al despejarse o el acto tan material de abrir los ojos al despertar todos los días, para que esperar  y esperar, para que mentirnos o lamentarnos si queremos dejar de llorar como niños perdidos en un centro comercial.

Mejor vivir la nostalgia y la pena no tan solo con el colectivo. Desde mañana quiero vivir en la sinceridad y reconocer mis incapacidades. Construir desde lo nuevo y lo improvisado…como dice una bella canción “mirar la vida con los ojos nuevos”. 

11 septiembre 2011

Los 21: Reflexión por la vida después de vivir

Hace una semana 21 chilenos dejaron la vida concreta, la que vemos sin esfuerzo. Hace unos días nuestro país dio un viraje en medio de la pulsación ciudadana, pues 21 personas, aparentemente elegidas, dibujaban un freno a nuestro correr diario para reflexionar nuevamente sobre lo que estamos haciendo con nuestro devenir.

Más allá del mundo que vemos de manera inmediata, creo que hemos tenido más de una oportunidad para poder volver a empezar, a repensar la vida, a ver que es lo que estamos haciendo bien y que hemos olvidado para nuestro buen vivir. Primero fue el terremoto, el quinto más fuerte del mundo, desde ese suceso algunos descubrimos dónde y cómo estar, pues vimos ejemplos heroicos de personas que a sus 80 años seguían pensando que eran capaces de levantar una casa nueva.

Gestos de esta envergadura son señales de una potencia que a veces dormimos en nuestras prácticas diarias, es como que al menor obstáculo, nos damos por vencidos. Hoy, nuevamente, Chile vive una situación que ha provocado una pena generalizada.  En mi caso y estando en tierras lejanas, ha sido una experiencia cercana, pues en ese viaje del CASA 212 iba una persona que había sido mi compañera de trabajo  durante dos años, una persona que amaba el trabajo y la cultura, ella era Romina Irarrázabal. Sin querer, me entero por Facebook (algo un poco brutal) y de inmediato surgió una emoción de perdida, de no entender por qué estas cosas pasan y unas ansias muy grandes de decirle a mis cercanos que los quiero, como una sensación de “no querer perder un minuto más”.

Por qué surge aquello dormido en nosotros en espacios donde la pérdida es lo central. Cuántas veces deberá pasar lo mismo para poder despertarnos de este letargo.

Puedo decir que desde lejos percibo un estado de pena en mis compatriotas, quienes en las redes sociales hacen catarsis, o en las conversaciones que mantengo en línea no pierden la oportunidad para declarar su tristeza. La pregunta es por qué nos cala tan profundo este hecho, qué tuvo de particular, será la forma, el número, la incertidumbre de no saber qué realmente pasó, sin duda pueden ser todas las anteriores, sin embargo, existe algo central en esta historia que da el giro de nuestra emoción país y es justamente lo que olvidamos día a día, es decir, el “valor de las personas”, de su aporte a veces desmedido por otros, muchos de manera silenciosa. Los 21 eran eso y mucho más…

Qué podemos rescatar de toda esta experiencia, muchas cosas, quizás para precisar una de ellas es que en lo humano y junto a ello nos mantenemos, es como una red que nos sostiene, que nos da vida y de donde la extraemos, es un ir y venir, es un dar y recibir. Es la vida que vibra, que repercute y que toca a miles.

Los 21 hicieron su último y gran logro al despertarnos un poco más la conciencia, no es menor si la mayoría de un país pareció darse una pausa a partir del lo ocurrido. Si toda esta pena tuviera esa misión, les damos las gracias 21s, de esas infinitas y constantes, ya que Chile necesita un espacio de armonía, de poder mirar lo que le está pasando, saber qué hacer y cómo crear así un bienestar para todos. 

21 agosto 2011

Lady Gaga...a ti te pasó lo mismo?

Una imagen de Álvaro Horta - Ruedas de Larmahue, Pichidegua - Chile

Podríamos ocupar páginas y páginas con preguntas…¿cuáles son las tuyas? A veces pienso…¿cuántos días le quedarán al balón de gas? ¿Hará mucho frío en Pichidegua? ¿Me amará como lo siento, aunque no me lo dice? ¿Cuántas veces seguiré emocionándome con los ojos vidriosos de mi abuela? ¿Por qué la inteligente juega a la tonta y la bonita a ser más bonita?¿Cómo será comer Cuy? ¿Por qué un niño vuelve a decirme con su actuar que el mundo no se acabará jamás?

“Dios, sé que estás en todas partes, aunque la mayoría de las veces nadie te ve en ninguna”.

Late el mar y mi corazón a la vez, no obstante este último cree en los imposibles y así  de manera infantil juego a reencontrarme con el presente.

Es más, “hoy miro el cielo y lo veo…hoy miro el cielo y lo veo”. Sabes cuánto tiempo demoré en ver el sentido de todos mis días.

Hoy veo que todo ocurrió como tuvo que ser, lo bueno, lo malo y sin embargo nada eclipsó mis ganas de encontrarle sentido a la existencia, a los talentos, a la humanidad. Incluso, cada día que soñaba despierta, mi perrita me confirmaba con su cola que no estaba loca (gracias Blondie).

Y a ti Lady…te pasó lo mismo?

Somos tan distintos a primera vista y tan comunes en nuestras prácticas mentales.

Que más da, “quiero conquistar el mundo Pinky” y “quién no lo quiere hacer”…y si somos tantos, porqué no lo hemos conquistado…dónde están las espadas de la palabra, de la voluntad y la confianza, dónde está el amor profundo, la capacidad creativa que nos posee como un demonio y que logra concretar lo imaginado.

Tengo tantos sueños, te pasa también Lady?

Hoy todos los sueños se resumen en uno solo y voy a ir por él. Que la vida y los años vengan a su encuentro y realización. No moriré porque debo hacer “algo”. No renunciaré porque debo trabajar. Transaré mis prejuicios por confianza. Sumaré a los que pueda porque ellos también podrán hacer sus sueños posibles. Cada día será una oportunidad, cada día saldrá el sol. Tomaré mi bicicleta con canastito y andaré por esas calles donde no atropellan a los ciclistas (es que en aquella tierra se les respeta).

Podré respirar aire limpio y profundo. Compraré el pan a las 5 de la tarde. Tendré una vida que no es de grandes escenarios ni ciudades, y que importa, si ya sé cuál es mi lugar en el mundo y esta plenitud que ahora se expande por todo el universo deseo que toque al que siente que no tiene un centímetro en este planeta.

Y es que de intuiciones he vivido hasta ahora y vaya que hay que seguirlas.

Qué importa que te digan que no vale la pena, qué importa lo que piense el mundo si ese “todo” no sabe ni un milímetro de tu corazón, de tus esperanzas de niño, de tu lúdica imaginación, de tu ser más profundo que todos esperamos que emerja. Y pregunto: esto también te pasó Lady?

Vamos a la conquista, que cuando ocurre, el mundo de arriba se alegra y el de abajo se va con sus miedos a otros cuerpos, pues tú ya estás inmune, ya estás curado.

Si me preguntan que pienso de la vida, creo de después de todo y de cada uno, del pasado y de lo que aún no conozco, de los hombres que amo y amé, del universo y su totalidad, todo estuvo y está hecho con precisión…ya no hay reparos, ni enojos, sino más bien agradecimiento, porque la fortuna no está en la lotería, “Ah!, no? y dónde”, está en tu día a día, porque siempre hay una razón poderosa y beneficiosa de lo que nos ocurre ahora y siempre.

Vamos por más sueños…que el mundo lo necesita!

17 julio 2011

Obra Mundos llega a Ecuador!

Después de meses de conversaciones y preparativos para planificar un viaje como parte de un sueño de vida, ObraMundos (OM) ha dado su primer paso: llegar a Ecuador.

Si bien aquí los tiempos no son rápidos, OM observa atentamente cuándo dará el siguiente paso hacia la amazonía o al “oriente” como es llamado el Este Sur del país.

Sabemos que vamos pronto a uno de los espacios más ricos en biodiversidad del planeta y en dirección a las comunidades indígenas del oriente ecuatoriano. Queremos ver su forma de vida y maneras de comunicarse e hipervincularse entre ellos, con la naturaleza y el mundo.

La ruta comienza en la provincia de Pastaza, luego iremos paso a paso visitando y viviendo con las comunidades. 

OM